Por Juan O. Tamayo
jtamayo@elnuevoherald.com
El próximo juicio de los masones cubanos a un antiguo Gran Maestro ha destacado la perseverancia de los 30,000 miembros de la organización pese a los severos controles gubernamentales sobre su dirección.
Juan Manuel Collera Venta y otros dos masones están acusados de permitir que un masón iniciado en Miami asistiera a una reunión en una logia el año pasado, violando una regla que establece que sólo los miembros iniciados en Cuba pueden visitar las logias de la isla.
Pero el caso ha estado rodeado de rumores de que Collera está excesivamente vinculado con el gobierno. También se ha dicho que el gobierno presionó a los masones para que lo eligieran Gran Maestro en el 2000 y que posteriormente les impidió que lo expulsaran por otro caso no especificado en el 2005.
Fue imposible localizar a Collera para que comentara. Pero en una carta escrita pocos días después de la última acusación en su contra, presentada en abril, calificó el proceso de "moralmente fraudulento'' e insinuó que era obra de los exiliados. La dirección de los masones cubanos "acostumbraba mantener un valladar entre nosotros y los hermanos maestros de las logias en la emigración'', escribió.
Investigadores masónicos están entrevistado a los implicados en el caso y se espera que el juicio tenga lugar en junio, dijo Gustavo Pardo Valdés, presidente de la Academia Cubana de Altos Estudios Masónicos y periodista independiente que ha reportado sobre el caso.
Varios masones de Miami entrevistados para esta historia declinaron comentar sobre Collera pero se quejaron insistentemente de que el gobierno cubano presiona con dureza a los líderes masónicos para que obedezcan la línea oficial.
"Todas las logias están infiltradas y al otro día de cualquierreunión ya el gobierno sabe lo que se discutió'', dijo Manuel Olmedo, presidente de la Federación de Masones Cubanos en el Exilio Cuba Primero.
Sin embargo, y sorprendentemente, la masonería ha perdurado en Cuba, pese a un esfuerzo de miembros procastristas en 1959 de disolver el grupo, alegando que la revolución había eliminado la necesidad de semejantes grupos.
Actualmente, los masones cubanos dicen tener 30,000 miembros en 316 logias. Eso es menos de los 34,000 miembros y 340 logias de 1958 pero superior a los 19,690 miembros en 1981.
También controlan unos 220 templos, dijo Pardo, aunque el gobierno ha confiscado cinco o seis y todos menos tres de los 11 pisos de la Gran Logia en Centro Habana.
Más de un tercio de los miembros y las logias están en La Habana, y algunos miembros también pertenecen al Partido Comunista de Cuba, según un reciente estudio de Jorge Luis Romeu, un masón nacido en Cuba y profesor de Estadística de la Universidad de Syracuse, en New York.
Aunque las reglas de la organización prohíben actividades políticas partidarias, 13 de los 75 disidentes encarcelados en la represión del 2003 conocida como la Primavera Negra son masones, dijo Pardo por teléfono desde La Habana.
La masonería es legal en Cuba pero está estrictamente controlada por la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, encabezada desde hace tiempo por Caridad Diego.
El gobierno, por ejemplo, requiere que las logias cancelen la membresía de los masones que emigran, así como que reporten detalladamente las actividades de sus logias y que obtengan aprobación previa para cualquier actividad no rutinaria, dijo Olmedo.
Pardo Valdés, ex preso político y masón grado 33, dijo que, en el 2007, Diego bloqueó su esfuerzo para ser electo presidente a un alto cargo, el Consejo Supremo, debido a su activismo político.
Las donaciones de los masones en el exterior generalmente pasan a través del Instituto Cubano de la Amistad con los Pueblos, dirigido por el gobierno, que se queda con parte del dinero, añadió Olmedo. Pero otra parte llega a los masones cubanos directamente para sus programas caritativos y conferencias sobre temas como la economía, la historia y la literatura.
El Asilo Masónico Llansó en la Habana alberga a unos 90 pacientes ancianos, incluyendo algunos no masones, y las logias cubanas mantienen un blog, La Colmena. El año pasado hubo que cerrar la página de internet de la Gran Logia en La Habana por falta de fondos.
La masonería se estableció en Cuba hace 150 años y ganó influencia política cuando muchos de sus principales miembros, incluyendo al líder independentista José Martí, lucharon contra el dominio español.
En Cuba también está activa la Sociedad de Antiguos Honorables Compañeros Distintos --Oddfellows en inglés-- con unos 25,000 o 30,000 miembros, y los Caballeros de la Luz, un grupo desarrollado en la isla con unos 25,000 miembros, según Pardo Valdés.
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Fuente: elnuevoherald.com
jueves, 27 de mayo de 2010
MASONERÍA Y OPUS DEI
Por Jorge Eliécer Salazar Avenia
REFERENCIA HISTÓRICA
El Opus Dei fue fundado por Josemaría Escrivá de Balaguer en Madrid el 2 de octubre de 1928, aunque en ese momento solo se llamó la “Obra”. Su pretensión de denominarla “La Obra de Dios” -Opus Dei- sólo se concretó el 14 de febrero de 1930, cuando dijo que recibió directamente el mensaje desde la divinidad.
En sus inicios el Opus Dei dirigió sus trabajos a los enfermos de los hospitales y los pobres, y fue rapidamente extendiéndose a distintas actividades sociales y económicas. Igualmente en 1930, Escrivá acepta que el Opus está dirigido también a la mujer y dentro de su membresía se abre una categoría especial para las mujeres aunque básicamente está conformada, por varones, en la medida en que su cúpula de poder y mando está formada por religiosos y clérigos.
Desde 1933 incursionó en la educación y a través de la Academia DYA comenzó su trabajo en este campo en Madrid. Como lo dicen sus propios reglamentos, la misión de la Academia, además de impartir educación universitaria en Derecho y Arquitectura, es la de dar formación religiosa y enseñar el mensaje del Opus Dei entre la juventud. Este fin esencial en la educación que se imparte bajo los dictados de la Obra se ha mantenido y reafirmado desde entonces.
Durante la guerra civil española el Opus Dei fue una avanzada y activísimo grupo combatiente contra la República Española y a favor del generalísimo Francisco Franco. Esta colaboración prestada por el Opus Dei al dictador Español fue tenida en cuenta y compensada posteriormente durante el largo período de gobierno de la dictadura.
A comienzos de 1940 oficialmente la iglesia católica concedió aprobación al Opus Dei, a través del Obispado de Madrid. Y en el 1943 a través de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz se le autorizó para ordenar sus propios sacerdotes, convirtiéndose así en un tiempo relativamente corto en una poderosa congregación con capacidad para darse sus propios dirigentes. Los años finales del decenio de 1940 encuentran radicado en Roma a Escrivá de Balaguer, en donde mediante una intensa actividad de lo que hoy llamamos lobby consiguió que el Vaticano diera la primera aprobación pontificia del Opus Dei y lo constituyera en Instituto Secular. En 1950 Pio XII promulgó la aprobación definitiva de la obra. El Decreto aprobatorio permitió la aceptación en el Opus Dei de personas casadas y la asimilación de sacerdotes de otras congregaciones católicas.
En tan sólo 20 años el Opus Dei recorrió un camino que costó años y en ocasiones siglos a otras congregaciones católicas.
A finales de los años 50 se inicia la expansión continental a la América Hispana del Opus Dei. Perú, México, Venezuela, Guatemala, Chile, Argentina, Colombia, Ecuador, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Puerto Rico, Honduras, Trinidad Tobago, República Dominicana y Nicaragua, así como también Canadá y Estados Unidos, y en fin todos los países centro y sur americanos entran a formar parte de los objetivos de la obra de Escrivá de Balaguer. El mismo, o las más altas autoridades de la congregación visitan los países, promueven la fundación de colegios y la instalación de capítulos, no sólo en España y Portugal, sino también en América Latina. Cuando Escrivá de Balaguer fallece, el 26 de junio de 1975, el Opus Dei es ya un poderoso brazo de la Iglesia instalado en el poder o muy cerca de él en los países Hispano Americanos.
Toda la influencia y el poder de la Iglesia Católica se ha puesto a las órdenes y al servicio del Opus Dei desde su fundación. ¿Qué razones ha habido para ello?. Para contestar este interrogante debemos analizar las condiciones y el momento histórico en que es fundado y mirar, así sea a vuelo de pájaro, las relaciones entre la Iglesia Católica y la Masonería antes de la creación del Opus Dei y después de ella.
MASONERÍA E IGLESIA CATÓLICA
A pesar de que las relaciones entre la Orden Masónica y la Iglesia Católica han sido siempre difíciles y cargadas de problemas, no obstante, podemos establecer tres momentos en ellas: dos períodos puntuales de tensión y enfrentamiento, el primero, se dio en el siglo XVIII y el segundo, en el siglo XIX, y un tercer período de serenidad y acercamiento, especialmente de la Masonería a la Iglesia Católica, que ha sido perturbado por algunos sectores fundamentalistas en materia religiosa y de derecha en orientación política.
Rápidamente miremos cada uno de ellos. El Siglo XVIII, ve nacer formalmente la Masonería con las Constituciones de 1722 de los pastores Anderson y Desaguliers y es una centuria llena de zozobra y persecuciones contra la Orden Masónica. Realmente, fueron escasos los gobiernos y los estados que no prohibieran la masonería y las reuniones de masones. En realidad la Corte de Roma o la Santa Sede no fueron los primeros ni los únicos en condenar y prohibir la masonería. En 1735 lo hicieron los Estados Generales de Holanda; en 1736, el Consejo de la República y Cantón de Ginebra; en 1737 son la Francia de Luis XV y el Príncipe Elector de Manheim en el Palatinado, Hamburgo y Federico I de Suecia en 1738; María Teresa de Austria lo hará en 1743; en Aviñón. París y Ginebra en 1744; en 1745 el Cantón de Berna, el Consistorio de Hannover y de Nuevo París, incluso el Gran Sultán de Constantinopla lo hará en 1748; Carlos VII de Nápoles (futuro Carlos III de España) y su hermano Fernando VI de España en 1741; en 1763 los Magistrados de Danzintg; en 1770 el Gobernador de la Isla de Madeira y los Gobiernos de Berna y Ginebra; en 1784 el Príncipe de Mónaco y el Elector de Baviera Carlos Teodoro; en 1785, el Duque de Baden y el Emperador de Austria José II; en 1794 el Emperador de Alemania Francisco II, el Rey de Cerdeña Víctor Amadeo, y el emperador Ruso Pablo I; en 1798 se suma a los perseguidores Guillermo III de Prusia, éstos solo para citar los más conocidos. No hubo entonces suelo europeo, donde no se persiguiera a la Masonería.
Sin embargo, no pueden considerarse todas estas persecuciones como hechos aislados atribuibles exclusivamente a cada Estado, gobernante o autoridad. Ellas tienen un hilo conductor que habrá de mostrarse con las prohibiciones y condenas de los Papas Clemente XII en 1738 y Benedicto XIV en 1751, así como en el Decreto del Cardenal Firrao para los Estados Pontificios en 1739.
En ese momento los cargos que se le hacen a la Orden Masónica se refieren al Secreto riguroso con que los masones se protegían y al juramento que ellos hacían. Cargos que permitieron aplicarles el derecho, heredado del Imperio Romano, que consideraba como ilícita, subversiva y un peligro para la tranquilidad de la religión oficial, el buen orden y la tranquilidad de los Estados, a toda asociación o grupo no autorizado por el Gobierno.
A estos motivos que podrían llamarse de Estado, que tuvo la Roma Antigua para perseguir a los primeros cristianos, los Papas Clemente XII y Benedicto XIV agregaron el considerar a los masones y a sus reuniones como sospechosos de “herejía”, y argumentaron a favor de este criterio el hecho de que los masones admitían en sus reuniones a todo tipo de individuos, fueran católicos o no católicos, y sancionaron con pena de excomunión a los masones.
Esta drástica medida para combatir la masonería está claramente establecida en el Edicto del Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Firrao, promulgado el 14 de enero de 1739, en el que se dice “que las reuniones masónicas eran no sólo sospechosas de herejía, sino, sobre todo, peligrosas a la pública tranquilidad y a la seguridad del Estado Eclesiástico, ya que de no tener materias contrarias a la fe ortodoxa y al Estado y tranquilidad de la República, no usarían tantos vínculos secretos”. Una consecuencia inmediata y directa de este edicto fue la pena de muerte, confiscación de bienes y demolición de las viviendas de los masones.
Además, se dio también como resultado del mencionado edicto la creación del llamado delito de masonería, pues en las naciones con gobiernos confesionales, los masones fueron perseguidos no por serlo, sino por ofensa a la religión católica, puesto que estaban excomulgados, fundamentándose el delito de masonería en la lesión del Orden religioso católico, y desde el momento que éste se tenía como base de la Constitución de los Estados católicos, el delito eclesiástico automáticamente pasaba a concebirse y castigarse como delito político.
Lo anterior explica porqué en ningún documento del Siglo XVII incluidas las bulas de Clemente XII y Benedicto XIV, se prohibe la masonería en cuanto a institución, sino "las reuniones de masones", las cuales se señalan con nombres disímiles en la bula In eminenti del Papa Clemente XII, como son Asambleas, Conventículos, Juntas, Agregaciones, Círculos, Reuniones, Sociedades, etc.
El segundo momento de las relaciones entre la masonería y la Iglesia Católica se va a dar en el siglo XIX. Viene marcado este período por la aparición de las sociedades patrióticas y políticas, por un lado, y el impacto de la Revolución Americana, primero, y luego de la Revolución Francesa en los soberanos absolutistas de la Europa del Congreso de Viena que no se resignaban a perder su poder. Situación ésta que va a merecer especial preocupación por parte de Roma.
Sabido es, que ambas revoluciones van a contar entre sus líderes y víctimas a muchos masones e incluso sacerdotes católicos que se supo en ese momento pertenecían a la masonería, como es el caso del cura católico Gallot, que fue más tarde elevado a la condición de beato por la Iglesia Católica. Este papel preponderante de la masonería en ese momento histórico creó dos situaciones diferentes. Por un lado, en los países anglosajones, como Estados Unidos, Gran Bretaña y países nórdicos, la masonería adquirió prestigio social y tuvo presencia política, inclusive con figuras del clero no católico. Es así como los Reyes de Inglaterra y Suecia pertenecían a la masonería en sus respectivos países y gran parte de los presidentes de Estados Unidos militaban en sus filas.
En cambio, en los países católicos los ideales de la masonería, confundidos e identificados en gran medida con los del liberalismo, suscitaron por parte de la Iglesia católica y de los gobiernos absolutistas de la época una dura reacción contra la masonería, originada en la conocida unión del Trono y el Altar en defensa de sus respectivos poderes. Esta imagen de la Masonería Latina - Europea fue la que atrajo a los líderes de la revolución Hispanoamericana, Bolívar, Miranda, San Martín, Santander, etc.
De manera que en los primeros años del siglo XIX el enfrentamiento masonería - Iglesia católica va a darse dentro de los marcos de interpretación de las revoluciones americana y francesa y de las consecuencias surgidas alrededor del denominado mito del complot masónico - revolucionario, difundido por el abate Barruel. Este famoso mito atribuyó a la masonería la creación de grupos de subversión, levantados en armas contra los gobiernos de los Estados, y que hostilizaban en la lucha armada a la Iglesia católica, como la renombrada Carbonería Italiana. La profusión de estas sociedades secretas las atribuyó la Iglesia a los masones, evitando así que la Masonería Latina - Europea pudiera, al igual que la Anglosajona evolucionar rápidamente en su crecimiento y desarrollo.
El Vaticano no desaprovechó la oportunidad para mantener la prohibición y la condena contra los masones y sus reuniones, llegándose inclusive a considerar a la masonería como una "Sociedad clandestina cuyo fin era conspirar en detrimento de la iglesia y de los poderes del Estado". En este sentido, se pronuncian la Constitución Ecclesian Christi de 1821 promulgada por el Papa Pío VII y la Humanum Genus de 1884, dada por León XIII. Pío IX y León XIII en el ánimo de mantener la confrontación con la masonería, se refirieron a ella en sus documentos y alocuciones, en más de 2000 ocasiones.
En este período crítico de las relaciones entre ambas Instituciones, la Iglesia llegó inclusive a afirmar que la masonería atacaba "los derechos del poder sagrado y de la autoridad civil", que "conspiraba contra la Iglesia y el poder civil", que "atacaba a la iglesia y los poderes legítimos". En Humanum Genus, León XIII afirma que el último y principal de los intentos de la masonería "era el destruir hasta sus fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, levantando a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo". Afirma también que "la secta masónica tiene empeño en llevar a cabo las teorías de los naturalistas" y que "mucho tiempo ha que trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda injerencia del magisterio y autoridad de la Iglesia y a este fin pregona y contiende deberse separar la Iglesia y el Estado, excluyendo así de las leyes y la administración de la cosa pública el muy saludable influjo de la religión católica".
Este enfrentamiento originó que en el Congreso Internacional de Trento se le diera a la masonería un trato que llevó a la Orden masónica de los países latinos a pregonar y practicar un exacerbado anticlericalismo y laicismo.
El resultado final, ya en los albores del siglo XX, es que el Código de Derecho Canónico promulgado el 27 de mayo de 1917, después de la muerte de León XIII, recogió la doctrina jurídica de la iglesia sobre la masonería, especialmente las de Pío IX y León XIII. Es así como en el canon 2335 se confirman las disposiciones pontificias del siglo XIX, precisando la sanción al establecer que "los que dan su nombre a la secta masónica o a otras asociaciones del mismo género, que maquinan contra la Iglesia o contra las potencias civiles legítimas, incurren ipso facto en excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica".
Es precisamente en este período lleno de agrios y duros enfrentamientos entre la masonería y la Iglesia católica cuando en 1928 Josemaría Escrivá de Balaguer funda el Opus Dei. Desde su creación la nueva congregación aglutinó a los miembros más ortodoxos y fundamentalistas del clero católico, quienes comenzaron su trabajo misional con esos sectores de la feligresía.
En realidad de verdad, "La Obra" debió ser un propósito que tal vez se anidó en el ánimo de Escrivá desde mucho antes de 1909 y cuyos orígenes pueden rastrearse en el primer decenio del siglo, alrededor del periódico "El Debate" perteneciente a la escuela del Real Patronato de Santa Isabel, en donde él ejercía como profesor de Filosofía y de Deontología; o en sus relaciones estrechas con la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, la cual desde "El Debate" impulsaba de manera dogmática su creencia religiosa. Esta Asociación de propagandistas fundada en 1909 por el sacerdote jesuita Ayala tenía como fin "formar unas minorías escogidas, compuestas de hombres 'apostólicos' pertenecientes a las más variadas profesiones sin que tuviesen necesidad de hacer un voto especial de carácter religioso"; o en sus cercanas relaciones con Gil Robles fundador de la "Confederación Española de los Derechos Autónomos" partido político de carácter religioso.
Todas estas relaciones y amistades con el más crudo sectarismo religioso español y la violenta derecha hispana, fueron caldo de cultivo del Opus Dei. Si a esto agregamos el momento histórico en que se da – al que nos hemos referido antes, es posible entender que el Opus Dei fuera desde sus inicios un ariete que golpeó de manera sistemática a la masonería y a los masones. Situación que habrá de verse de manera muy especial y concreta en España, en donde la masonería fue soporte activo y combatiente a favor de la República, mientras que la gran mayoría de la Iglesia católica, especialmente sus más altas jerarquías lucharon a favor de las fuerzas de Franco.
Este carácter antimasónico del Opus Dei, enraizado en su mismo nacimiento, va a generar otra de las características, ésta coincidente con la masonería, y fue la de utilizar algunos de los principios filosóficos esenciales de nuestra Augusta Institución en su ideario religioso, además de que sus miembros se someten a un rito de iniciación secreto, pero marcando su trabajo social, en salud y educación, con postulados políticos muy diferentes a los de la masonería. Es decir, de alguna manera Josemaría Escrivá buscó formar una masonería para los sectores más recalcitrantes y dogmáticos de la Iglesia católica.
Esta actitud del fundador del Opus Dei, pretendió atraer también hacia La Obra y alejar de la masonería, a los sectores más tolerantes del clero católico y de su feligresía creyente. Este aspecto del Opus Dei necesariamente tenía que producir, recrudecer y mantener las diferencias con la Orden, especialmente en España, México y Brasil.
Creado ya el Opus Dei, se va a presentar el tercer período, cuyo punto de referencia más importante es la celebración del Concilio Vaticano II (1961-1965), en cuyas conferencias habrá de darse una tendencia mayoritaria de aproximación entre la masonería y la Iglesia católica. En este sentido, los Obispos de Méjico, Monseñor Sergio Méndez Arceo y de Brasil, el sacerdote jesuita Riquet, junto con la mayor parte de la Iglesia francesa, holandesa y escandinava lideraron este acercamiento.
Uno de los más interesados en que este acercamiento cristalizara fue el buen Papa Juán XXIII, quien en 1963 hizo pública la siguiente Oración:
En el año de 1974 el Cardenal Seper, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, admitió públicamente la existencia de masonerías sin ánimo de enfrentamiento religioso con la Iglesia católica y reconocía por primera vez desde 1738 que la excomunión lanzada hacía dos siglos era entendible en medio de los problemas políticos y de luchas religiosas ya superados. Producto de esta nueva situación, la Iglesia católica promulgó el 8 de enero de 1983 un nuevo código de derecho canónico, en el cual el antiguo y drástico canon 2335, al que ya hice referencia antes, fue sustituido por el canon 1374, en el cual ya no hay una referencia concreta a la masonería ni a la excomunión y cuyo tenor literal es el siguiente: "Aquéllos que dan sus nombres a asociaciones que maquinan contra la iglesia, serán castigados con una pena justa; aquéllos que las promuevan o dirijan serán castigados con la pena de entredicho".
Este canon resistió todas las presiones de los sectores más ortodoxos de la Iglesia, entre los cuales destacó por su activísima participación para evitar que se promulgara, el Opus Dei. No obstante, el Cardenal Ratzinger, actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cercano al Opus Dei y su gran defensor en las antesalas del Vaticano, expidió una Declaración sobre las Asociaciones Masónicas el 27 de noviembre de 1983, en la cual insiste en la condena y el rechazo a la masonería y prohibe a las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre esta Asociación ya que se le considera inconciliable con la doctrina de la Iglesia. Posteriormente el 23 de febrero de 1985, ante el poco acatamiento que había tenido dicha Declaración, el Obsservatore Romano, órgano oficial de El Vaticano, publicó un artículo sin firma denominado "Reflexiones a un Año de la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Inconciabilidad entre la Fe Cristiana y la Masonería". Esta nota es la vuelta a los tiempos inquisitoriales de la Iglesia, respecto de la Orden Masónica.
MASONERÍA, OPUS DEI Y PODER
A pesar de ser la Masonería organización apolítica, uno de los cargos que le hicieron los gobiernos absolutistas y el Vaticano fue el de ser una asociación que perseguía el poder para derrocar los gobiernos imperantes con el fin de instaurar sus propios postulados y doctrinas, extraídos del más furioso anticlericalismo y laicismo y de las enseñanzas del naturalismo, en el decir de ellos.
La caída del absolutismo no quiso ser comprendida como una reacción de la sociedad en general, como en efecto lo fue, sino que en sectores interesados, la participación de los masones en los hechos revolucionarios de 1779 y 1781 en América y Francia, fue una confirmación de las actitudes subversivas de la Masonería.
En los siglos XIX y XX se da el apogeo de los gobiernos laicos como consecuencia de la separación de la Iglesia y el Estado. Este hecho significó la pérdida de una gran parte del poder terrenal que la Iglesia Católica ejercía en Europa y América Latina.
Retomar ese poder perdido ha sido uno de los fines del Opus Dei. Para conseguirlo ha trabajado durante setenta años tanto dentro de la organización de la propia Iglesia como de los gobiernos de España, Portugal e Hispanoamérica. En este tiempo, brevísimo en comparación con los tres milenios que ajusta la Iglesia de Roma, su diplomacia se ha adjudicado destacadísimos logros en uno y otro campo. Se ha convertido en la más importante fuerza dominante dentro de la Curia Romana, contando inclusive con el decidido apoyo de Juán Pablo II, aunque ello le ha granjeado no pocas resistencias y oposiciones de otros sectores de la Iglesia igualmente poderosos, que se han visto desplazados por la Obra. Según el Annuario Pontificio cuenta con 80,000 miembros en 80 países de todo el mundo, de los cuales 2,000 son sacerdotes. Es la única diócesis flotante, como prefectura personal, que existe y por lo tanto no está sometida a ninguna autoridad eclesiástica local y está gobernada por un prelado general que solo rinde informes al Papa cada cinco años. Esta situación ha llevado a que grupos de la Curia Romana digan que el Opus Dei pretende ser una Iglesia dentro de la Iglesia.
De otro lado, el hecho de trabajar en todo el mundo con los jóvenes, le permite estar en contacto con lo más granado de la inteligencia y del poder económico de los países. De esta manera, ha conseguido en las naciones hispanoamericanas colocarse muy cerca del poder político, cuando no dentro de él. Así ha orientado muchas de las políticas de gobierno en España, Colombia, Perú y otros países centro y sur americanos.
Superado el problema eminentemente religioso, que para la masonería no existe, se quiere presentar la lucha por el poder como otro factor que no permite la conciliación de las dos Instituciones. Debido a que el Opus Dei busca ser pilar ideológico y doctrinario, desde una visión teocrática de los gobiernos, rechaza por peligrosa la apoliticidad propia de la masonería.
CONCLUSIONES
Podemos concluir esta breve charla afirmando que:
1. El Opus Dei es una congregación de carácter religioso, con características de secta, y, por ende, dogmática, al servicio del fundamentalismo y la ortodoxia de la Iglesia católica. La Masonería, por el contrario, es una filosofía, carente de etiquetas religiosas, filantrópica, ética y apolítica.
2. El Opus Dei es una Institución Religiosa Católica, con la cual tal vez la Curia Romana está experimentando la posibilidad de recuperar para la religión el poder político en los Estados.
3. Aunque el Opus Dei sea una organización que tiene iniciados y ritos iniciáticos para sus miembros, que comparte con la religión católica los llamados misterios de la Iglesia, no es en realidad una masonería, pues se aparta de muchos de los principios fundamentales de esta Institución.
4. El Opus Dei busca a través de la práctica religiosa el poder terrenal para la Iglesia católica. Lo cual significaría un retroceso histórico al volver a confundir el Trono y el Altar bajo una misma fe o credo. La masonería respeta toda creencia o práctica política que funcione lícitamente dentro de los Estados, si bien procura que los afiliados suyos que ejerzan poder político lo hagan con observancia de su enseñanza ética, moral y filosófica.
5. Si bien el acercamiento entre Masonería y Opus Dei es posible, dentro de los postulados de tolerancia y respeto, esa sola circunstancia no borrará las discrepancias y diferencias entre las dos Instituciones.
BIBLIOGRAFÍA
BUNSON, Matthew E: “La Sabiduría del Papa” - palabras de esperanza e inspiración de Juan Pablo II – Editorial EDAF. Madrid, 1.996.
DE KEMPIS, Tomas: “Imitación de Cristo”. Editorial Tor, Buenos Aires.
Enciclopedia Británica Online: “Opus Dei”. En: http://members.eb.com/bol/topic?eu=58673&sctn=1.
FERRER BENIMELI, José Antonio: “Cursos de Verano en el Escorial” –Masonería y Religión: convergencias, oposición, ¿incompatibilidad?, Primera Edición. Editorial Complutense. España, 1.996.
GUERRY, Emile, Monseñor: “La Doctrina Social de La Iglesia”, Segunda Edición. Ediciones Rialp S.A. Madrid, 1.961.
Historia del Opus Dei. Publicada por la Oficina de Información del Opus Dei en España, 1.998.
LE VAILLANT, Yvon: “La Santa Mafia”. Editores asociados, S. de R. L. México, 1.971.
MONCADA, Alberto: “Historia Oral del Opus Dei. Editorial Plaza & Janés, 1.987.
VACA DE OSMA, José Antonio: “La Masonería y el Poder”. Editorial Planeta. Barcelona España, 1.992.
Charla leída por el Ven:. H:. Jorge Eliécer Salazar Avenia en la Ten:. Ord;, y de calendario de la Resp:. Log:. Unión No. 9, Jurisdiccionada a la Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia con Sede en Cartagena el día 1 de agosto de 1.999
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Fuente: MasonesBlogia, GLRBV.
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REFERENCIA HISTÓRICA
El Opus Dei fue fundado por Josemaría Escrivá de Balaguer en Madrid el 2 de octubre de 1928, aunque en ese momento solo se llamó la “Obra”. Su pretensión de denominarla “La Obra de Dios” -Opus Dei- sólo se concretó el 14 de febrero de 1930, cuando dijo que recibió directamente el mensaje desde la divinidad.
En sus inicios el Opus Dei dirigió sus trabajos a los enfermos de los hospitales y los pobres, y fue rapidamente extendiéndose a distintas actividades sociales y económicas. Igualmente en 1930, Escrivá acepta que el Opus está dirigido también a la mujer y dentro de su membresía se abre una categoría especial para las mujeres aunque básicamente está conformada, por varones, en la medida en que su cúpula de poder y mando está formada por religiosos y clérigos.
Desde 1933 incursionó en la educación y a través de la Academia DYA comenzó su trabajo en este campo en Madrid. Como lo dicen sus propios reglamentos, la misión de la Academia, además de impartir educación universitaria en Derecho y Arquitectura, es la de dar formación religiosa y enseñar el mensaje del Opus Dei entre la juventud. Este fin esencial en la educación que se imparte bajo los dictados de la Obra se ha mantenido y reafirmado desde entonces.
Durante la guerra civil española el Opus Dei fue una avanzada y activísimo grupo combatiente contra la República Española y a favor del generalísimo Francisco Franco. Esta colaboración prestada por el Opus Dei al dictador Español fue tenida en cuenta y compensada posteriormente durante el largo período de gobierno de la dictadura.
A comienzos de 1940 oficialmente la iglesia católica concedió aprobación al Opus Dei, a través del Obispado de Madrid. Y en el 1943 a través de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz se le autorizó para ordenar sus propios sacerdotes, convirtiéndose así en un tiempo relativamente corto en una poderosa congregación con capacidad para darse sus propios dirigentes. Los años finales del decenio de 1940 encuentran radicado en Roma a Escrivá de Balaguer, en donde mediante una intensa actividad de lo que hoy llamamos lobby consiguió que el Vaticano diera la primera aprobación pontificia del Opus Dei y lo constituyera en Instituto Secular. En 1950 Pio XII promulgó la aprobación definitiva de la obra. El Decreto aprobatorio permitió la aceptación en el Opus Dei de personas casadas y la asimilación de sacerdotes de otras congregaciones católicas.
En tan sólo 20 años el Opus Dei recorrió un camino que costó años y en ocasiones siglos a otras congregaciones católicas.
A finales de los años 50 se inicia la expansión continental a la América Hispana del Opus Dei. Perú, México, Venezuela, Guatemala, Chile, Argentina, Colombia, Ecuador, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Puerto Rico, Honduras, Trinidad Tobago, República Dominicana y Nicaragua, así como también Canadá y Estados Unidos, y en fin todos los países centro y sur americanos entran a formar parte de los objetivos de la obra de Escrivá de Balaguer. El mismo, o las más altas autoridades de la congregación visitan los países, promueven la fundación de colegios y la instalación de capítulos, no sólo en España y Portugal, sino también en América Latina. Cuando Escrivá de Balaguer fallece, el 26 de junio de 1975, el Opus Dei es ya un poderoso brazo de la Iglesia instalado en el poder o muy cerca de él en los países Hispano Americanos.
Toda la influencia y el poder de la Iglesia Católica se ha puesto a las órdenes y al servicio del Opus Dei desde su fundación. ¿Qué razones ha habido para ello?. Para contestar este interrogante debemos analizar las condiciones y el momento histórico en que es fundado y mirar, así sea a vuelo de pájaro, las relaciones entre la Iglesia Católica y la Masonería antes de la creación del Opus Dei y después de ella.
MASONERÍA E IGLESIA CATÓLICA
A pesar de que las relaciones entre la Orden Masónica y la Iglesia Católica han sido siempre difíciles y cargadas de problemas, no obstante, podemos establecer tres momentos en ellas: dos períodos puntuales de tensión y enfrentamiento, el primero, se dio en el siglo XVIII y el segundo, en el siglo XIX, y un tercer período de serenidad y acercamiento, especialmente de la Masonería a la Iglesia Católica, que ha sido perturbado por algunos sectores fundamentalistas en materia religiosa y de derecha en orientación política.
Rápidamente miremos cada uno de ellos. El Siglo XVIII, ve nacer formalmente la Masonería con las Constituciones de 1722 de los pastores Anderson y Desaguliers y es una centuria llena de zozobra y persecuciones contra la Orden Masónica. Realmente, fueron escasos los gobiernos y los estados que no prohibieran la masonería y las reuniones de masones. En realidad la Corte de Roma o la Santa Sede no fueron los primeros ni los únicos en condenar y prohibir la masonería. En 1735 lo hicieron los Estados Generales de Holanda; en 1736, el Consejo de la República y Cantón de Ginebra; en 1737 son la Francia de Luis XV y el Príncipe Elector de Manheim en el Palatinado, Hamburgo y Federico I de Suecia en 1738; María Teresa de Austria lo hará en 1743; en Aviñón. París y Ginebra en 1744; en 1745 el Cantón de Berna, el Consistorio de Hannover y de Nuevo París, incluso el Gran Sultán de Constantinopla lo hará en 1748; Carlos VII de Nápoles (futuro Carlos III de España) y su hermano Fernando VI de España en 1741; en 1763 los Magistrados de Danzintg; en 1770 el Gobernador de la Isla de Madeira y los Gobiernos de Berna y Ginebra; en 1784 el Príncipe de Mónaco y el Elector de Baviera Carlos Teodoro; en 1785, el Duque de Baden y el Emperador de Austria José II; en 1794 el Emperador de Alemania Francisco II, el Rey de Cerdeña Víctor Amadeo, y el emperador Ruso Pablo I; en 1798 se suma a los perseguidores Guillermo III de Prusia, éstos solo para citar los más conocidos. No hubo entonces suelo europeo, donde no se persiguiera a la Masonería.
Sin embargo, no pueden considerarse todas estas persecuciones como hechos aislados atribuibles exclusivamente a cada Estado, gobernante o autoridad. Ellas tienen un hilo conductor que habrá de mostrarse con las prohibiciones y condenas de los Papas Clemente XII en 1738 y Benedicto XIV en 1751, así como en el Decreto del Cardenal Firrao para los Estados Pontificios en 1739.
En ese momento los cargos que se le hacen a la Orden Masónica se refieren al Secreto riguroso con que los masones se protegían y al juramento que ellos hacían. Cargos que permitieron aplicarles el derecho, heredado del Imperio Romano, que consideraba como ilícita, subversiva y un peligro para la tranquilidad de la religión oficial, el buen orden y la tranquilidad de los Estados, a toda asociación o grupo no autorizado por el Gobierno.
A estos motivos que podrían llamarse de Estado, que tuvo la Roma Antigua para perseguir a los primeros cristianos, los Papas Clemente XII y Benedicto XIV agregaron el considerar a los masones y a sus reuniones como sospechosos de “herejía”, y argumentaron a favor de este criterio el hecho de que los masones admitían en sus reuniones a todo tipo de individuos, fueran católicos o no católicos, y sancionaron con pena de excomunión a los masones.
Esta drástica medida para combatir la masonería está claramente establecida en el Edicto del Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Firrao, promulgado el 14 de enero de 1739, en el que se dice “que las reuniones masónicas eran no sólo sospechosas de herejía, sino, sobre todo, peligrosas a la pública tranquilidad y a la seguridad del Estado Eclesiástico, ya que de no tener materias contrarias a la fe ortodoxa y al Estado y tranquilidad de la República, no usarían tantos vínculos secretos”. Una consecuencia inmediata y directa de este edicto fue la pena de muerte, confiscación de bienes y demolición de las viviendas de los masones.
Además, se dio también como resultado del mencionado edicto la creación del llamado delito de masonería, pues en las naciones con gobiernos confesionales, los masones fueron perseguidos no por serlo, sino por ofensa a la religión católica, puesto que estaban excomulgados, fundamentándose el delito de masonería en la lesión del Orden religioso católico, y desde el momento que éste se tenía como base de la Constitución de los Estados católicos, el delito eclesiástico automáticamente pasaba a concebirse y castigarse como delito político.
Lo anterior explica porqué en ningún documento del Siglo XVII incluidas las bulas de Clemente XII y Benedicto XIV, se prohibe la masonería en cuanto a institución, sino "las reuniones de masones", las cuales se señalan con nombres disímiles en la bula In eminenti del Papa Clemente XII, como son Asambleas, Conventículos, Juntas, Agregaciones, Círculos, Reuniones, Sociedades, etc.
El segundo momento de las relaciones entre la masonería y la Iglesia Católica se va a dar en el siglo XIX. Viene marcado este período por la aparición de las sociedades patrióticas y políticas, por un lado, y el impacto de la Revolución Americana, primero, y luego de la Revolución Francesa en los soberanos absolutistas de la Europa del Congreso de Viena que no se resignaban a perder su poder. Situación ésta que va a merecer especial preocupación por parte de Roma.
Sabido es, que ambas revoluciones van a contar entre sus líderes y víctimas a muchos masones e incluso sacerdotes católicos que se supo en ese momento pertenecían a la masonería, como es el caso del cura católico Gallot, que fue más tarde elevado a la condición de beato por la Iglesia Católica. Este papel preponderante de la masonería en ese momento histórico creó dos situaciones diferentes. Por un lado, en los países anglosajones, como Estados Unidos, Gran Bretaña y países nórdicos, la masonería adquirió prestigio social y tuvo presencia política, inclusive con figuras del clero no católico. Es así como los Reyes de Inglaterra y Suecia pertenecían a la masonería en sus respectivos países y gran parte de los presidentes de Estados Unidos militaban en sus filas.
En cambio, en los países católicos los ideales de la masonería, confundidos e identificados en gran medida con los del liberalismo, suscitaron por parte de la Iglesia católica y de los gobiernos absolutistas de la época una dura reacción contra la masonería, originada en la conocida unión del Trono y el Altar en defensa de sus respectivos poderes. Esta imagen de la Masonería Latina - Europea fue la que atrajo a los líderes de la revolución Hispanoamericana, Bolívar, Miranda, San Martín, Santander, etc.
De manera que en los primeros años del siglo XIX el enfrentamiento masonería - Iglesia católica va a darse dentro de los marcos de interpretación de las revoluciones americana y francesa y de las consecuencias surgidas alrededor del denominado mito del complot masónico - revolucionario, difundido por el abate Barruel. Este famoso mito atribuyó a la masonería la creación de grupos de subversión, levantados en armas contra los gobiernos de los Estados, y que hostilizaban en la lucha armada a la Iglesia católica, como la renombrada Carbonería Italiana. La profusión de estas sociedades secretas las atribuyó la Iglesia a los masones, evitando así que la Masonería Latina - Europea pudiera, al igual que la Anglosajona evolucionar rápidamente en su crecimiento y desarrollo.
El Vaticano no desaprovechó la oportunidad para mantener la prohibición y la condena contra los masones y sus reuniones, llegándose inclusive a considerar a la masonería como una "Sociedad clandestina cuyo fin era conspirar en detrimento de la iglesia y de los poderes del Estado". En este sentido, se pronuncian la Constitución Ecclesian Christi de 1821 promulgada por el Papa Pío VII y la Humanum Genus de 1884, dada por León XIII. Pío IX y León XIII en el ánimo de mantener la confrontación con la masonería, se refirieron a ella en sus documentos y alocuciones, en más de 2000 ocasiones.
En este período crítico de las relaciones entre ambas Instituciones, la Iglesia llegó inclusive a afirmar que la masonería atacaba "los derechos del poder sagrado y de la autoridad civil", que "conspiraba contra la Iglesia y el poder civil", que "atacaba a la iglesia y los poderes legítimos". En Humanum Genus, León XIII afirma que el último y principal de los intentos de la masonería "era el destruir hasta sus fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, levantando a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo". Afirma también que "la secta masónica tiene empeño en llevar a cabo las teorías de los naturalistas" y que "mucho tiempo ha que trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda injerencia del magisterio y autoridad de la Iglesia y a este fin pregona y contiende deberse separar la Iglesia y el Estado, excluyendo así de las leyes y la administración de la cosa pública el muy saludable influjo de la religión católica".
Este enfrentamiento originó que en el Congreso Internacional de Trento se le diera a la masonería un trato que llevó a la Orden masónica de los países latinos a pregonar y practicar un exacerbado anticlericalismo y laicismo.
El resultado final, ya en los albores del siglo XX, es que el Código de Derecho Canónico promulgado el 27 de mayo de 1917, después de la muerte de León XIII, recogió la doctrina jurídica de la iglesia sobre la masonería, especialmente las de Pío IX y León XIII. Es así como en el canon 2335 se confirman las disposiciones pontificias del siglo XIX, precisando la sanción al establecer que "los que dan su nombre a la secta masónica o a otras asociaciones del mismo género, que maquinan contra la Iglesia o contra las potencias civiles legítimas, incurren ipso facto en excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica".
Es precisamente en este período lleno de agrios y duros enfrentamientos entre la masonería y la Iglesia católica cuando en 1928 Josemaría Escrivá de Balaguer funda el Opus Dei. Desde su creación la nueva congregación aglutinó a los miembros más ortodoxos y fundamentalistas del clero católico, quienes comenzaron su trabajo misional con esos sectores de la feligresía.
En realidad de verdad, "La Obra" debió ser un propósito que tal vez se anidó en el ánimo de Escrivá desde mucho antes de 1909 y cuyos orígenes pueden rastrearse en el primer decenio del siglo, alrededor del periódico "El Debate" perteneciente a la escuela del Real Patronato de Santa Isabel, en donde él ejercía como profesor de Filosofía y de Deontología; o en sus relaciones estrechas con la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, la cual desde "El Debate" impulsaba de manera dogmática su creencia religiosa. Esta Asociación de propagandistas fundada en 1909 por el sacerdote jesuita Ayala tenía como fin "formar unas minorías escogidas, compuestas de hombres 'apostólicos' pertenecientes a las más variadas profesiones sin que tuviesen necesidad de hacer un voto especial de carácter religioso"; o en sus cercanas relaciones con Gil Robles fundador de la "Confederación Española de los Derechos Autónomos" partido político de carácter religioso.
Todas estas relaciones y amistades con el más crudo sectarismo religioso español y la violenta derecha hispana, fueron caldo de cultivo del Opus Dei. Si a esto agregamos el momento histórico en que se da – al que nos hemos referido antes, es posible entender que el Opus Dei fuera desde sus inicios un ariete que golpeó de manera sistemática a la masonería y a los masones. Situación que habrá de verse de manera muy especial y concreta en España, en donde la masonería fue soporte activo y combatiente a favor de la República, mientras que la gran mayoría de la Iglesia católica, especialmente sus más altas jerarquías lucharon a favor de las fuerzas de Franco.
Este carácter antimasónico del Opus Dei, enraizado en su mismo nacimiento, va a generar otra de las características, ésta coincidente con la masonería, y fue la de utilizar algunos de los principios filosóficos esenciales de nuestra Augusta Institución en su ideario religioso, además de que sus miembros se someten a un rito de iniciación secreto, pero marcando su trabajo social, en salud y educación, con postulados políticos muy diferentes a los de la masonería. Es decir, de alguna manera Josemaría Escrivá buscó formar una masonería para los sectores más recalcitrantes y dogmáticos de la Iglesia católica.
Esta actitud del fundador del Opus Dei, pretendió atraer también hacia La Obra y alejar de la masonería, a los sectores más tolerantes del clero católico y de su feligresía creyente. Este aspecto del Opus Dei necesariamente tenía que producir, recrudecer y mantener las diferencias con la Orden, especialmente en España, México y Brasil.
Creado ya el Opus Dei, se va a presentar el tercer período, cuyo punto de referencia más importante es la celebración del Concilio Vaticano II (1961-1965), en cuyas conferencias habrá de darse una tendencia mayoritaria de aproximación entre la masonería y la Iglesia católica. En este sentido, los Obispos de Méjico, Monseñor Sergio Méndez Arceo y de Brasil, el sacerdote jesuita Riquet, junto con la mayor parte de la Iglesia francesa, holandesa y escandinava lideraron este acercamiento.
Uno de los más interesados en que este acercamiento cristalizara fue el buen Papa Juán XXIII, quien en 1963 hizo pública la siguiente Oración:
"Señor y Gran Arquitecto:
"Nosotros nos humillamos a tus pies e invocamos tu perdón por la herejía en el curso de desconocer en nuestros hermanos masones como tus seguidores predilectos.
"Luchamos siempre contra el libre pensamiento, porque no habíamos comprendido que el primer deber de una religión, como afirmó El Concilio, consiste en reconocer hasta el derecho de no creer en Dios.
"Habíamos perseguido a aquéllos que dentro de la propia iglesia habíanse distanciado inscribiéndose en las Logias, despreciando todas las injurias y amenazas.
"Habíamos irreflexivamente acreditado que una señal de la cruz pudiese ser superior a tres puntos formando una pirámide.
"Por todo esto nos arrepentimos Señor y con tu perdón te rogamos nos hagas sentir que un compás sobre un nuevo altar puede significar tanto como nuestros viejos crucifijos. Amén."
En el año de 1974 el Cardenal Seper, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, admitió públicamente la existencia de masonerías sin ánimo de enfrentamiento religioso con la Iglesia católica y reconocía por primera vez desde 1738 que la excomunión lanzada hacía dos siglos era entendible en medio de los problemas políticos y de luchas religiosas ya superados. Producto de esta nueva situación, la Iglesia católica promulgó el 8 de enero de 1983 un nuevo código de derecho canónico, en el cual el antiguo y drástico canon 2335, al que ya hice referencia antes, fue sustituido por el canon 1374, en el cual ya no hay una referencia concreta a la masonería ni a la excomunión y cuyo tenor literal es el siguiente: "Aquéllos que dan sus nombres a asociaciones que maquinan contra la iglesia, serán castigados con una pena justa; aquéllos que las promuevan o dirijan serán castigados con la pena de entredicho".
Este canon resistió todas las presiones de los sectores más ortodoxos de la Iglesia, entre los cuales destacó por su activísima participación para evitar que se promulgara, el Opus Dei. No obstante, el Cardenal Ratzinger, actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cercano al Opus Dei y su gran defensor en las antesalas del Vaticano, expidió una Declaración sobre las Asociaciones Masónicas el 27 de noviembre de 1983, en la cual insiste en la condena y el rechazo a la masonería y prohibe a las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre esta Asociación ya que se le considera inconciliable con la doctrina de la Iglesia. Posteriormente el 23 de febrero de 1985, ante el poco acatamiento que había tenido dicha Declaración, el Obsservatore Romano, órgano oficial de El Vaticano, publicó un artículo sin firma denominado "Reflexiones a un Año de la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Inconciabilidad entre la Fe Cristiana y la Masonería". Esta nota es la vuelta a los tiempos inquisitoriales de la Iglesia, respecto de la Orden Masónica.
MASONERÍA, OPUS DEI Y PODER
A pesar de ser la Masonería organización apolítica, uno de los cargos que le hicieron los gobiernos absolutistas y el Vaticano fue el de ser una asociación que perseguía el poder para derrocar los gobiernos imperantes con el fin de instaurar sus propios postulados y doctrinas, extraídos del más furioso anticlericalismo y laicismo y de las enseñanzas del naturalismo, en el decir de ellos.
La caída del absolutismo no quiso ser comprendida como una reacción de la sociedad en general, como en efecto lo fue, sino que en sectores interesados, la participación de los masones en los hechos revolucionarios de 1779 y 1781 en América y Francia, fue una confirmación de las actitudes subversivas de la Masonería.
En los siglos XIX y XX se da el apogeo de los gobiernos laicos como consecuencia de la separación de la Iglesia y el Estado. Este hecho significó la pérdida de una gran parte del poder terrenal que la Iglesia Católica ejercía en Europa y América Latina.
Retomar ese poder perdido ha sido uno de los fines del Opus Dei. Para conseguirlo ha trabajado durante setenta años tanto dentro de la organización de la propia Iglesia como de los gobiernos de España, Portugal e Hispanoamérica. En este tiempo, brevísimo en comparación con los tres milenios que ajusta la Iglesia de Roma, su diplomacia se ha adjudicado destacadísimos logros en uno y otro campo. Se ha convertido en la más importante fuerza dominante dentro de la Curia Romana, contando inclusive con el decidido apoyo de Juán Pablo II, aunque ello le ha granjeado no pocas resistencias y oposiciones de otros sectores de la Iglesia igualmente poderosos, que se han visto desplazados por la Obra. Según el Annuario Pontificio cuenta con 80,000 miembros en 80 países de todo el mundo, de los cuales 2,000 son sacerdotes. Es la única diócesis flotante, como prefectura personal, que existe y por lo tanto no está sometida a ninguna autoridad eclesiástica local y está gobernada por un prelado general que solo rinde informes al Papa cada cinco años. Esta situación ha llevado a que grupos de la Curia Romana digan que el Opus Dei pretende ser una Iglesia dentro de la Iglesia.
De otro lado, el hecho de trabajar en todo el mundo con los jóvenes, le permite estar en contacto con lo más granado de la inteligencia y del poder económico de los países. De esta manera, ha conseguido en las naciones hispanoamericanas colocarse muy cerca del poder político, cuando no dentro de él. Así ha orientado muchas de las políticas de gobierno en España, Colombia, Perú y otros países centro y sur americanos.
Superado el problema eminentemente religioso, que para la masonería no existe, se quiere presentar la lucha por el poder como otro factor que no permite la conciliación de las dos Instituciones. Debido a que el Opus Dei busca ser pilar ideológico y doctrinario, desde una visión teocrática de los gobiernos, rechaza por peligrosa la apoliticidad propia de la masonería.
CONCLUSIONES
Podemos concluir esta breve charla afirmando que:
1. El Opus Dei es una congregación de carácter religioso, con características de secta, y, por ende, dogmática, al servicio del fundamentalismo y la ortodoxia de la Iglesia católica. La Masonería, por el contrario, es una filosofía, carente de etiquetas religiosas, filantrópica, ética y apolítica.
2. El Opus Dei es una Institución Religiosa Católica, con la cual tal vez la Curia Romana está experimentando la posibilidad de recuperar para la religión el poder político en los Estados.
3. Aunque el Opus Dei sea una organización que tiene iniciados y ritos iniciáticos para sus miembros, que comparte con la religión católica los llamados misterios de la Iglesia, no es en realidad una masonería, pues se aparta de muchos de los principios fundamentales de esta Institución.
4. El Opus Dei busca a través de la práctica religiosa el poder terrenal para la Iglesia católica. Lo cual significaría un retroceso histórico al volver a confundir el Trono y el Altar bajo una misma fe o credo. La masonería respeta toda creencia o práctica política que funcione lícitamente dentro de los Estados, si bien procura que los afiliados suyos que ejerzan poder político lo hagan con observancia de su enseñanza ética, moral y filosófica.
5. Si bien el acercamiento entre Masonería y Opus Dei es posible, dentro de los postulados de tolerancia y respeto, esa sola circunstancia no borrará las discrepancias y diferencias entre las dos Instituciones.
BIBLIOGRAFÍA
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DE KEMPIS, Tomas: “Imitación de Cristo”. Editorial Tor, Buenos Aires.
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FERRER BENIMELI, José Antonio: “Cursos de Verano en el Escorial” –Masonería y Religión: convergencias, oposición, ¿incompatibilidad?, Primera Edición. Editorial Complutense. España, 1.996.
GUERRY, Emile, Monseñor: “La Doctrina Social de La Iglesia”, Segunda Edición. Ediciones Rialp S.A. Madrid, 1.961.
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LE VAILLANT, Yvon: “La Santa Mafia”. Editores asociados, S. de R. L. México, 1.971.
MONCADA, Alberto: “Historia Oral del Opus Dei. Editorial Plaza & Janés, 1.987.
VACA DE OSMA, José Antonio: “La Masonería y el Poder”. Editorial Planeta. Barcelona España, 1.992.
Charla leída por el Ven:. H:. Jorge Eliécer Salazar Avenia en la Ten:. Ord;, y de calendario de la Resp:. Log:. Unión No. 9, Jurisdiccionada a la Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia con Sede en Cartagena el día 1 de agosto de 1.999
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Fuente: MasonesBlogia, GLRBV.
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lunes, 24 de mayo de 2010
La Masonería ante el momento político en Sinaloa
(Artículo elaborado por un grupo de Masones Sinaloenses)
Haciendo un ejercicio de justa revisión, muchos en Masonería pensamos que pertenecemos a cosas que no comprendemos aún, pero llevamos en el alma la visión de que estos tiempos nos exigen Audacia. Estas líneas están dirigidas a todos aquellos Masones que han preferido luchar por el futuro en vez de mirar, cómodamente, al pasado.
He convencido a mis propias ideas que ser masón es más que asumir ortodoxias falsas, tan parecidas a la idolatría de los fanáticos, y que las normas que nos rigen son fundamento de principios más nobles y puros que nosotros mismos. Ser masón es mucho más que eso. Sí, es más inclusive que fingir en frías cortesías que estimas a quien odias o que respetas a quien desprecias. Muchos son los que han venido, sedientos de cosas frívolas, y buscar alimentar sus ambiciones perversas. Algunos otros más han llegado carentes de ideas, de carteras abultadas, o de curiosidades insanas que han tocado las puertas de nuestra Orden. Pero se han ido, porque la Masonería exige algo a sus miembros que los malvados no conocen, una Lealtad a los principios que defiende, una intensa fe en el hombre y sobre todo, capacidad de sacrificio. Sí, sacrificio por los principios, por las ideas que liberan. Capacidad de sacrificar ambiciones propias, egoísmos perversos y sobre todo, sacrificio por los cambios que como hombres libres debemos de defender.
Nos han enseñado que ser masón es motivo de orgullo, pero nadie nos ha dicho por qué. Solo intuimos que brillantes hombres fueron miembros y pensamos que por añadidura la grandeza de Tolstoi, la nobleza de Juárez y la ferocidad de Churchill será nuestra. Pero olvidamos que la masonería piensa en niveles generacionales. No en personalidades, individuos o grupos. Su espíritu radica en crear generaciones de hombres brillantes, unidos por causas justas. La masonería no puede funcionar de otra manera, porque cada uno de nosotros jugamos un rol en el complejo juego de defender lo justo. Por eso la Orden exige el sacrificio. Porque antes que los cargos, nos jugamos en esta partida en particular nuestra razón de ser y todos somos un amplio ejército aún por articular, en el cual algunos tenemos roles para defender y otros para atacar. Sí, porque antes que un club del mutuo halago, o de filósofos o un vano pretexto para la peda, la Masonería fue una Orden militar que contuvo los excesos de una Iglesia ambiciosa, de reyes mezquinos que ignoraban a su pueblo o de señores feudales que violaban a las mujeres de los campesinos.
La Masonería es la rectora de los equilibrios, es la conciencia que ordena en el caos y es el juicio de un pueblo cuando todos han perdido la cordura. Al contrario de lo que muchos hermanos creen, la Masonería no aspira a gobernar al mundo, sino que espera ser la espada que persiga a los culpables, es la ejecutora de la Justicia, la creadora de instituciones, la que busca hacer leyes sabias para que los pueblos vivan libres. Por eso la masonería solo puede ser efectiva en niveles generacionales. Porque somos eso, una Orden que nació para liberar al hombre. Y creamos Gobiernos, inventamos conceptos como Democracia, Libertad de Mercado, Estado de Bienestar y Estado de Derecho. Por eso nos hicimos de enemigos, porque no fuimos capaces de hincarnos ante reyes déspotas o ante obispos asesinos. Y en la historia los justos siempre mueren primero. Pero logramos levantar a miles de pueblos ante el grito de Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Entonces cedimos el Gobierno a los ciudadanos, porque preferimos ser los protectores de esos equilibrios. Porque sabíamos que no podíamos hacer lo mismo que aquellos a los que habíamos vencido. Creamos Universidades, cedimos a la mujer derechos y abolimos la esclavitud. Y lo hicimos por que como Masones, la razón y la libertad nos han permitido ayudar a los débiles. Pero algo pasó. Dejamos de ser críticos, adoramos al poder en vez de a nuestros principios. Dejamos de pensar en sacrificarnos por las ideas nobles y nos emborrachamos con la élite a la que antes habíamos vencido. Y en vez de ser genuinos, renunciamos a nuestra herencia. Nos hicimos cobardes, cómodos, mentirosos. Cedimos, y continuamos cediendo. No somos capaces de sacrificarnos, dirigimos nuestras espadas contra aquellos que son Nuestros Hermanos que han exigido desde la mejor reflexión que corrijamos y retomemos nuestro rumbo. Dejamos, pues, de ser Masones.
Ya no éramos constructores de sociedades, éramos parásitos de los subsidios. Enanos mentales que dejaron de ser la reserva moral de nuestro pueblo. Las consecuencias fueron devastadoras. Nuestros enemigos tomaron venganza. Desmantelaron nuestro Templo, escupieron en nuestros rituales y se burlaron de nuestros juramentos. Y a pesar de eso, las élites se ensañaron más contra el pueblo. Crearon muros, visibles e invisibles. Dividieron al hombre honesto. Hicieron bancos que jugaban con los ahorros de miles de familias, impulsaron monopolios, creando un pueblo sin alma, que camina apenas para mantener los privilegios de los grandes potentados. Dejamos de ser guardianes del débil, para agradecer las migajas del obispo o del gran empresario.
Y en vez de poner las condiciones del juego político, ahora tenemos que pedir permiso para competir en un sistema que nosotros creamos. Un sistema que ellos, nuestros enemigos ahora presumen como creación suya. Y además, impulsaron un sistema de castas en donde solo ellos, como en la pretérita Nueva España, podían gobernar. Despreciaron el talento de millones de jóvenes que han tenido que irse, crearon pobreza y hambre. Hambre que solo se quita con un millón de dólares de droga. Dejaron al pueblo sin opciones y el pueblo se ha rebelado. Pero como no había conciencia, porque nosotros vivimos idolatrando al pasado, el pueblo prefirió irse a la barbarie. EL RESULTADO ES TRÁGICO, BALAS, MUERTES, ASESINATOS, VIOLACIONES Y LA DEVALUACIÓN DE LA VIDA MISMA. Creo que ya es hora de que nuestros adversarios sepan que están equivocados. Creo que como en los grandes momentos de la historia, éste es el punto de quiebre.
No podemos darnos el lujo de mirar a otro lado, mientras nuestro país se desmorona a pedazos. SINALOA ESTÁ INMERSO EN ESA LUCHA. Detrás de la lucha política hay en juego algo más que la coyuntura de una Gubernatura mas. ESTÁ EN JUEGO LA SOBREVIVENCIA DE NUESTRA ALMA REPUBLICANA, LA LIBERTAD POLÍTICA EN NUESTRO ESTADO, DEBIDO AL IGNORANTE DESPRECIO DEL PROCESO DEMOCRÁTICO POR PARTE DE LOS HIJOS DE LA PERVERSIDAD DE NUESTROS ENEMIGOS NATURALES Y ALGUNOS OTROS MÁS CONTEMPORÁNEOS, QUE HOY ASPIRAN LEGITIMARSE UNA VEZ MÁS CON Y DESDE EL PODER PÚBLICO.
Por eso les pido que antes que observar sus “lealtades” hacia algún Partido o Candidato, contemplen profundamente en su Cuarto de Reflexiones su corazón y recuperen su LEGITIMA LEALTAD A LOS VALORES DE LA ORDEN. Nuestra lealtad no debe de ser con los grupos que gobiernan o que quieren gobernar. Debe de ser con los equilibrios, con los principios que defendemos. Estoy cierto que no pocos hermanos están dispersos apoyando a cada lado de la balanza. Pero no se olviden de que nosotros tenemos que ser el Fiel de la Balanza Política. Les pido que en el lado en el que se encuentren, no dejen de ser congruentes, de mente critica, combativos y prudentes. Y que no cometan la torpeza de caer en las garras de nuestros enemigos, las Pasiones, y que no olvidemos donde esta nuestra Legitima Lealtad.
La Orden es más grande que una posición. Miren lo que hacen mientras nosotros actuamos como comparsas. La fuerza de nuestro principal adversario quiere imponer una Ley que restringe a las mujeres su libertad sexual, los grupos de ultraderecha se manifiestan con toda comodidad en cuanto foro les permite. Mientras, el Obispo y su hipocresía condenan a las mujeres, mientras recibe a manos llenas narcolimosnas, o defiende a pederastas como Marcial Maciel. Para ellos, no existe el pasado siempre y cuando pueda ser comprado. Pero aquellos que no lo pueden comprar, como los miles de niños abusados o las mujeres violadas, no tienen para ellos, ningún derecho de réplica. Debemos tomar conciencia de la importancia de nuestros tiempos. Eso les pido. Hermanos, la Orden es más grande y debe ser primero en estos momentos.
No traicionemos a nuestros propios miembros, apoyémoslos por encima de nuestros intereses. Eso es vivir la Masonería. Es apoyar a Juárez a cargar a la República, no enlodar su camino para quedar bien con las élites. En la verdadera masonería los grados no importan del todo, por que quienes ostentan los más elevados deben justificarles con ejemplos de moral para todos y construir una vida que represente un objetivo a imitar. En la verdadera masonería se busca construir un futuro, no preservar un pasado. En la verdadera masonería se impulsan y se gestan los cambios. Actuemos pues, como un ejército organizado, en donde llegue quien llegue al Gobierno, sepa que tiene que considerarnos con seriedad para reconstruir al estado, si su compromiso es con el Pueblo, porque ellos, nuestros adversarios, han destruido todo Orden posible.
Eso les pido, Caballeros. Seamos la nueva Generación de Liberales de verdad, que el país y Sinaloa necesitan. Los Marines de Estados Unidos tienen por lema Semper Fi, Derivación de la voz latina Semper FIDELIS, cuya traducción es Siempre Fieles. Ellos deben de ser fieles a su país, pero sobre todo a la paz aún en la guerra. Ese mismo espíritu es el que ahora nos debe de guiar, en esta guerra política. Siempre Fieles, a nuestra Orden, a nuestros Principios, a nuestra Patria, a Sinaloa.
SEMPER FI, MIS HERMANOS.
Haciendo un ejercicio de justa revisión, muchos en Masonería pensamos que pertenecemos a cosas que no comprendemos aún, pero llevamos en el alma la visión de que estos tiempos nos exigen Audacia. Estas líneas están dirigidas a todos aquellos Masones que han preferido luchar por el futuro en vez de mirar, cómodamente, al pasado.
He convencido a mis propias ideas que ser masón es más que asumir ortodoxias falsas, tan parecidas a la idolatría de los fanáticos, y que las normas que nos rigen son fundamento de principios más nobles y puros que nosotros mismos. Ser masón es mucho más que eso. Sí, es más inclusive que fingir en frías cortesías que estimas a quien odias o que respetas a quien desprecias. Muchos son los que han venido, sedientos de cosas frívolas, y buscar alimentar sus ambiciones perversas. Algunos otros más han llegado carentes de ideas, de carteras abultadas, o de curiosidades insanas que han tocado las puertas de nuestra Orden. Pero se han ido, porque la Masonería exige algo a sus miembros que los malvados no conocen, una Lealtad a los principios que defiende, una intensa fe en el hombre y sobre todo, capacidad de sacrificio. Sí, sacrificio por los principios, por las ideas que liberan. Capacidad de sacrificar ambiciones propias, egoísmos perversos y sobre todo, sacrificio por los cambios que como hombres libres debemos de defender.
Nos han enseñado que ser masón es motivo de orgullo, pero nadie nos ha dicho por qué. Solo intuimos que brillantes hombres fueron miembros y pensamos que por añadidura la grandeza de Tolstoi, la nobleza de Juárez y la ferocidad de Churchill será nuestra. Pero olvidamos que la masonería piensa en niveles generacionales. No en personalidades, individuos o grupos. Su espíritu radica en crear generaciones de hombres brillantes, unidos por causas justas. La masonería no puede funcionar de otra manera, porque cada uno de nosotros jugamos un rol en el complejo juego de defender lo justo. Por eso la Orden exige el sacrificio. Porque antes que los cargos, nos jugamos en esta partida en particular nuestra razón de ser y todos somos un amplio ejército aún por articular, en el cual algunos tenemos roles para defender y otros para atacar. Sí, porque antes que un club del mutuo halago, o de filósofos o un vano pretexto para la peda, la Masonería fue una Orden militar que contuvo los excesos de una Iglesia ambiciosa, de reyes mezquinos que ignoraban a su pueblo o de señores feudales que violaban a las mujeres de los campesinos.
La Masonería es la rectora de los equilibrios, es la conciencia que ordena en el caos y es el juicio de un pueblo cuando todos han perdido la cordura. Al contrario de lo que muchos hermanos creen, la Masonería no aspira a gobernar al mundo, sino que espera ser la espada que persiga a los culpables, es la ejecutora de la Justicia, la creadora de instituciones, la que busca hacer leyes sabias para que los pueblos vivan libres. Por eso la masonería solo puede ser efectiva en niveles generacionales. Porque somos eso, una Orden que nació para liberar al hombre. Y creamos Gobiernos, inventamos conceptos como Democracia, Libertad de Mercado, Estado de Bienestar y Estado de Derecho. Por eso nos hicimos de enemigos, porque no fuimos capaces de hincarnos ante reyes déspotas o ante obispos asesinos. Y en la historia los justos siempre mueren primero. Pero logramos levantar a miles de pueblos ante el grito de Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Entonces cedimos el Gobierno a los ciudadanos, porque preferimos ser los protectores de esos equilibrios. Porque sabíamos que no podíamos hacer lo mismo que aquellos a los que habíamos vencido. Creamos Universidades, cedimos a la mujer derechos y abolimos la esclavitud. Y lo hicimos por que como Masones, la razón y la libertad nos han permitido ayudar a los débiles. Pero algo pasó. Dejamos de ser críticos, adoramos al poder en vez de a nuestros principios. Dejamos de pensar en sacrificarnos por las ideas nobles y nos emborrachamos con la élite a la que antes habíamos vencido. Y en vez de ser genuinos, renunciamos a nuestra herencia. Nos hicimos cobardes, cómodos, mentirosos. Cedimos, y continuamos cediendo. No somos capaces de sacrificarnos, dirigimos nuestras espadas contra aquellos que son Nuestros Hermanos que han exigido desde la mejor reflexión que corrijamos y retomemos nuestro rumbo. Dejamos, pues, de ser Masones.
Ya no éramos constructores de sociedades, éramos parásitos de los subsidios. Enanos mentales que dejaron de ser la reserva moral de nuestro pueblo. Las consecuencias fueron devastadoras. Nuestros enemigos tomaron venganza. Desmantelaron nuestro Templo, escupieron en nuestros rituales y se burlaron de nuestros juramentos. Y a pesar de eso, las élites se ensañaron más contra el pueblo. Crearon muros, visibles e invisibles. Dividieron al hombre honesto. Hicieron bancos que jugaban con los ahorros de miles de familias, impulsaron monopolios, creando un pueblo sin alma, que camina apenas para mantener los privilegios de los grandes potentados. Dejamos de ser guardianes del débil, para agradecer las migajas del obispo o del gran empresario.
Y en vez de poner las condiciones del juego político, ahora tenemos que pedir permiso para competir en un sistema que nosotros creamos. Un sistema que ellos, nuestros enemigos ahora presumen como creación suya. Y además, impulsaron un sistema de castas en donde solo ellos, como en la pretérita Nueva España, podían gobernar. Despreciaron el talento de millones de jóvenes que han tenido que irse, crearon pobreza y hambre. Hambre que solo se quita con un millón de dólares de droga. Dejaron al pueblo sin opciones y el pueblo se ha rebelado. Pero como no había conciencia, porque nosotros vivimos idolatrando al pasado, el pueblo prefirió irse a la barbarie. EL RESULTADO ES TRÁGICO, BALAS, MUERTES, ASESINATOS, VIOLACIONES Y LA DEVALUACIÓN DE LA VIDA MISMA. Creo que ya es hora de que nuestros adversarios sepan que están equivocados. Creo que como en los grandes momentos de la historia, éste es el punto de quiebre.
No podemos darnos el lujo de mirar a otro lado, mientras nuestro país se desmorona a pedazos. SINALOA ESTÁ INMERSO EN ESA LUCHA. Detrás de la lucha política hay en juego algo más que la coyuntura de una Gubernatura mas. ESTÁ EN JUEGO LA SOBREVIVENCIA DE NUESTRA ALMA REPUBLICANA, LA LIBERTAD POLÍTICA EN NUESTRO ESTADO, DEBIDO AL IGNORANTE DESPRECIO DEL PROCESO DEMOCRÁTICO POR PARTE DE LOS HIJOS DE LA PERVERSIDAD DE NUESTROS ENEMIGOS NATURALES Y ALGUNOS OTROS MÁS CONTEMPORÁNEOS, QUE HOY ASPIRAN LEGITIMARSE UNA VEZ MÁS CON Y DESDE EL PODER PÚBLICO.
Por eso les pido que antes que observar sus “lealtades” hacia algún Partido o Candidato, contemplen profundamente en su Cuarto de Reflexiones su corazón y recuperen su LEGITIMA LEALTAD A LOS VALORES DE LA ORDEN. Nuestra lealtad no debe de ser con los grupos que gobiernan o que quieren gobernar. Debe de ser con los equilibrios, con los principios que defendemos. Estoy cierto que no pocos hermanos están dispersos apoyando a cada lado de la balanza. Pero no se olviden de que nosotros tenemos que ser el Fiel de la Balanza Política. Les pido que en el lado en el que se encuentren, no dejen de ser congruentes, de mente critica, combativos y prudentes. Y que no cometan la torpeza de caer en las garras de nuestros enemigos, las Pasiones, y que no olvidemos donde esta nuestra Legitima Lealtad.
La Orden es más grande que una posición. Miren lo que hacen mientras nosotros actuamos como comparsas. La fuerza de nuestro principal adversario quiere imponer una Ley que restringe a las mujeres su libertad sexual, los grupos de ultraderecha se manifiestan con toda comodidad en cuanto foro les permite. Mientras, el Obispo y su hipocresía condenan a las mujeres, mientras recibe a manos llenas narcolimosnas, o defiende a pederastas como Marcial Maciel. Para ellos, no existe el pasado siempre y cuando pueda ser comprado. Pero aquellos que no lo pueden comprar, como los miles de niños abusados o las mujeres violadas, no tienen para ellos, ningún derecho de réplica. Debemos tomar conciencia de la importancia de nuestros tiempos. Eso les pido. Hermanos, la Orden es más grande y debe ser primero en estos momentos.
No traicionemos a nuestros propios miembros, apoyémoslos por encima de nuestros intereses. Eso es vivir la Masonería. Es apoyar a Juárez a cargar a la República, no enlodar su camino para quedar bien con las élites. En la verdadera masonería los grados no importan del todo, por que quienes ostentan los más elevados deben justificarles con ejemplos de moral para todos y construir una vida que represente un objetivo a imitar. En la verdadera masonería se busca construir un futuro, no preservar un pasado. En la verdadera masonería se impulsan y se gestan los cambios. Actuemos pues, como un ejército organizado, en donde llegue quien llegue al Gobierno, sepa que tiene que considerarnos con seriedad para reconstruir al estado, si su compromiso es con el Pueblo, porque ellos, nuestros adversarios, han destruido todo Orden posible.
Eso les pido, Caballeros. Seamos la nueva Generación de Liberales de verdad, que el país y Sinaloa necesitan. Los Marines de Estados Unidos tienen por lema Semper Fi, Derivación de la voz latina Semper FIDELIS, cuya traducción es Siempre Fieles. Ellos deben de ser fieles a su país, pero sobre todo a la paz aún en la guerra. Ese mismo espíritu es el que ahora nos debe de guiar, en esta guerra política. Siempre Fieles, a nuestra Orden, a nuestros Principios, a nuestra Patria, a Sinaloa.
SEMPER FI, MIS HERMANOS.
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Fuente: Urnas2010Sinaloa.
Replanteamiento total del modelo económico, demandan masones
MORELIA, Mich., 16 de enero de 2010.-La masonería michoacana demandó un replanteamiento total del modelo económico que considere los ajustes necesarios ante las macrotendencias del mundo para combatir la pobreza extrema cuyo incremento no se detendrá hasta en tanto no se logre un crecimiento superior al 7 por ciento necesario para incorporar a más de un millón de jóvenes que cada año se suman a la demanda de empleo.
Frente a la estatua de Benito Juárez García se congregaron representantes de todos los ritos y todas las expresiones liberales de la entidad, a fin de conmemorar el Día Nacional de la Masonería, en el aniversario de la iniciación del Benemérito de las Américas en esa institución.
El orador oficial del acto, Salvador Aguirre Paleo consideró que la responsabilidad constitucional para resolver el problema de inseguridad pública que sufrimos recae fundamentalmente en el gobierno, por lo que convocó a la instauración de un sistema que involucre, en acuerdos certeros, a los tres órdenes de gobierno y hasta en esquemas internacionales de inteligencia para recuperar la tranquilidad, la gobernabilidad y el equilibrio social.
Añadió que para abatir la miseria no basta con ampliar los programas especiales, sino de implementar con ellos y para ellos, proyectos que tengan como eje la reactivación económica, incluyentes en la dinámica regional y nacional, para hacer más productiva la microestructura económica del país, de manera que se apueste más a esta inversión productiva que a la inversión clientelar.
Respecto a los festejos por el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, Aguirre Paleo dijo que el conocimiento de la historia de u país da sentido a su presente y permite diseñar y visualizar su futuro.
“Insistiremos –agregó- para que la lucha ideológica sea considerada de manera significativa como una tarea en todos los sectores, sin mitos para los vencedores, pero sin soslayo para las agendas pendientes de los vencidos, bajo un manto de respeto hacia los personajes y sus circunstancias, para que en todo ello predomine el factor de la unidad de la nación”.
Finalmente, aclaró que no se pretende revivir la confrontación histórica entre liberales y conservadores, pero sí se trata de defender los principios fundadores del Estado moderno, e insistir en que la institucionalidad pública está sustentada en fundamentos plenamente liberales, pues con la Reforma de hace 150 años quedó muy claro que el Estado no debe interferir en las creencias religiosas de los ciudadanos mexicanos, ni las instituciones religiosas en los asuntos del estdo.
Encabezados por el Gran Maestro de la Muy Respetable Gran Logia Michoacana Lázaro Cárdenas, Ismael Acosta García, presidieron el acto personalidades como Ariosto Aguilar Mandujano, delegado provincial del Supremo Consejo de México; Mauricio Fuentes, de la Gran Logia Lautariana; Eustorgio Vázquez, de la Gran Logia José María Morelos, Gracia Elena Mercado, de la Gran Logia Femenina Tarazhcua; Ana Delia Quintero, de la Gran Logia Femenina Cuerahuáperi y Jaime Pérez Vélez Olvera, de la Masonería del Real Arco de México.
También estuvieron presentes los ex Grandes Maestros de la Gran Logia Michoacana Lázaro Cárdenas: Anastacio Escobedo Ponce, Pedro López Sánchez, Manuel Medina Bravo y Guillermo Ortiz Rodríguez.
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Fuente: Quadratín.
Frente a la estatua de Benito Juárez García se congregaron representantes de todos los ritos y todas las expresiones liberales de la entidad, a fin de conmemorar el Día Nacional de la Masonería, en el aniversario de la iniciación del Benemérito de las Américas en esa institución.
El orador oficial del acto, Salvador Aguirre Paleo consideró que la responsabilidad constitucional para resolver el problema de inseguridad pública que sufrimos recae fundamentalmente en el gobierno, por lo que convocó a la instauración de un sistema que involucre, en acuerdos certeros, a los tres órdenes de gobierno y hasta en esquemas internacionales de inteligencia para recuperar la tranquilidad, la gobernabilidad y el equilibrio social.
Añadió que para abatir la miseria no basta con ampliar los programas especiales, sino de implementar con ellos y para ellos, proyectos que tengan como eje la reactivación económica, incluyentes en la dinámica regional y nacional, para hacer más productiva la microestructura económica del país, de manera que se apueste más a esta inversión productiva que a la inversión clientelar.
Respecto a los festejos por el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, Aguirre Paleo dijo que el conocimiento de la historia de u país da sentido a su presente y permite diseñar y visualizar su futuro.
“Insistiremos –agregó- para que la lucha ideológica sea considerada de manera significativa como una tarea en todos los sectores, sin mitos para los vencedores, pero sin soslayo para las agendas pendientes de los vencidos, bajo un manto de respeto hacia los personajes y sus circunstancias, para que en todo ello predomine el factor de la unidad de la nación”.
Finalmente, aclaró que no se pretende revivir la confrontación histórica entre liberales y conservadores, pero sí se trata de defender los principios fundadores del Estado moderno, e insistir en que la institucionalidad pública está sustentada en fundamentos plenamente liberales, pues con la Reforma de hace 150 años quedó muy claro que el Estado no debe interferir en las creencias religiosas de los ciudadanos mexicanos, ni las instituciones religiosas en los asuntos del estdo.
Encabezados por el Gran Maestro de la Muy Respetable Gran Logia Michoacana Lázaro Cárdenas, Ismael Acosta García, presidieron el acto personalidades como Ariosto Aguilar Mandujano, delegado provincial del Supremo Consejo de México; Mauricio Fuentes, de la Gran Logia Lautariana; Eustorgio Vázquez, de la Gran Logia José María Morelos, Gracia Elena Mercado, de la Gran Logia Femenina Tarazhcua; Ana Delia Quintero, de la Gran Logia Femenina Cuerahuáperi y Jaime Pérez Vélez Olvera, de la Masonería del Real Arco de México.
También estuvieron presentes los ex Grandes Maestros de la Gran Logia Michoacana Lázaro Cárdenas: Anastacio Escobedo Ponce, Pedro López Sánchez, Manuel Medina Bravo y Guillermo Ortiz Rodríguez.
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Fuente: Quadratín.
La masonería no tiene nada que ocultar y mucho por mostrar
Por Mariano Pistone
Lo afirmó el gran maestre de la institución, Ángel Jorge Clavero. Dice que transitan por un proceso de apertura a la sociedad y que, gracias a ello, cada día cuentan con más miembros.
La masonería declara ser una institución filosófica, filantrópica y progresista, con la libertad, la igualdad y la fraternidad como valores principales. En el imaginario popular está fija la idea de que se trata de una institución secreta, pero ellos dicen que no es así, aunque reconocen que sí es discreta. Quizá para rebatir aquella idea y para aggiornarse a los tiempos que corren, tal vez obligadamente, hoy afirman que transitan un presente de apertura a la sociedad y que no tienen nada que esconder y sí mucho por mostrar.
Para que no queden dudas de este importante paso, Ángel Jorge Clavero, el gran maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados, es decir el número uno de la institución, afirma que cualquier ciudadano puede ser masón cumpliendo pocos requisitos y que actualmente echan mano a todos los canales disponibles –prensa e internet, principalmente– para hacer conocer sus ideas, principios y fines. “Gracias a ello se está acercando la ciudadanía”, confiesa el máximo referente de la masonería.
Para Clavero, hasta hace algunos años la institución había empezado a mirarse demasiado hacia adentro y por ello dejaron de “salir a la sociedad”.
Ahora, afirmó, “hemos empezado a trabajar fuertemente en la comunidad y eso ha dado sus frutos, por ejemplo, en la mayor cantidad de miembros, sobre todo de jóvenes. “En estos últimos dos o tres años ha empezado a reverdecer la actividad masónica en Cuyo y en todo el país”, agregó entusiasmado el gran maestre.
Justamente para desmitificar que son una sociedad cerrada sostuvo que para formar parte de algunas de las 160 logias –o talleres de ideas, como prefieren nombrarlas– que hay a nivel nacional basta principalmente con ser “un buen ciudadano”.
En realidad se deben cumplir algunos requisitos que el gran maestre se encargó de detallar: “De acuerdo con nuestra reglamentación, para integrar sus filas la masonería sólo pide que la persona sea mayor de edad y que sea libre y de buenas costumbres. Un hombre libre es aquel que no está atado a dogmas, que no está presionado por prejuicios, por bajas pasiones; se trata de un ser que sabe pensar por sí mismo; es aquel hombre que tiene mayor apego al desarrollo de sus ideas y que las elabora solo. Dentro de las logias seguimos trabajando esos valores y entre todos nos ayudamos a pensar uno con el otro. También le pedimos que tenga buenas costumbres, es decir, que sea una persona que posea su familia, su trabajo y que se pueda mantener por sí misma. Con esos requisitos el ciudadano puede ser masón”.
Nada que esconder
Para Clavero, la masonería no tiene ningún secreto que guardar: “Si bien se trata de una institución discreta, es decir que si usted no se asocia no puede conocer qué hacemos puertas adentro, no tiene nada que esconder y sí mucho que mostrar a la sociedad”.
De hecho, actualmente muchas de estas organizaciones utilizan internet y “el aporte de la prensa” para ser más conocidas e informar sobre sus actividades.
“Gracias a eso la ciudadanía se está dando cuenta de la ayuda que puede ser la masonería para la sociedad”, explicó a Diario UNO el gran maestre, quien estuvo en la provincia para participar en un importante encuentro de logias cuyanas y de Chile con el objetivo de conmemorar el Bicentenario de la patria.
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Fuente: DiarioUno.
Lo afirmó el gran maestre de la institución, Ángel Jorge Clavero. Dice que transitan por un proceso de apertura a la sociedad y que, gracias a ello, cada día cuentan con más miembros.
La masonería declara ser una institución filosófica, filantrópica y progresista, con la libertad, la igualdad y la fraternidad como valores principales. En el imaginario popular está fija la idea de que se trata de una institución secreta, pero ellos dicen que no es así, aunque reconocen que sí es discreta. Quizá para rebatir aquella idea y para aggiornarse a los tiempos que corren, tal vez obligadamente, hoy afirman que transitan un presente de apertura a la sociedad y que no tienen nada que esconder y sí mucho por mostrar.
Para que no queden dudas de este importante paso, Ángel Jorge Clavero, el gran maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados, es decir el número uno de la institución, afirma que cualquier ciudadano puede ser masón cumpliendo pocos requisitos y que actualmente echan mano a todos los canales disponibles –prensa e internet, principalmente– para hacer conocer sus ideas, principios y fines. “Gracias a ello se está acercando la ciudadanía”, confiesa el máximo referente de la masonería.
Para Clavero, hasta hace algunos años la institución había empezado a mirarse demasiado hacia adentro y por ello dejaron de “salir a la sociedad”.
Ahora, afirmó, “hemos empezado a trabajar fuertemente en la comunidad y eso ha dado sus frutos, por ejemplo, en la mayor cantidad de miembros, sobre todo de jóvenes. “En estos últimos dos o tres años ha empezado a reverdecer la actividad masónica en Cuyo y en todo el país”, agregó entusiasmado el gran maestre.
Justamente para desmitificar que son una sociedad cerrada sostuvo que para formar parte de algunas de las 160 logias –o talleres de ideas, como prefieren nombrarlas– que hay a nivel nacional basta principalmente con ser “un buen ciudadano”.
En realidad se deben cumplir algunos requisitos que el gran maestre se encargó de detallar: “De acuerdo con nuestra reglamentación, para integrar sus filas la masonería sólo pide que la persona sea mayor de edad y que sea libre y de buenas costumbres. Un hombre libre es aquel que no está atado a dogmas, que no está presionado por prejuicios, por bajas pasiones; se trata de un ser que sabe pensar por sí mismo; es aquel hombre que tiene mayor apego al desarrollo de sus ideas y que las elabora solo. Dentro de las logias seguimos trabajando esos valores y entre todos nos ayudamos a pensar uno con el otro. También le pedimos que tenga buenas costumbres, es decir, que sea una persona que posea su familia, su trabajo y que se pueda mantener por sí misma. Con esos requisitos el ciudadano puede ser masón”.
Nada que esconder
Para Clavero, la masonería no tiene ningún secreto que guardar: “Si bien se trata de una institución discreta, es decir que si usted no se asocia no puede conocer qué hacemos puertas adentro, no tiene nada que esconder y sí mucho que mostrar a la sociedad”.
De hecho, actualmente muchas de estas organizaciones utilizan internet y “el aporte de la prensa” para ser más conocidas e informar sobre sus actividades.
“Gracias a eso la ciudadanía se está dando cuenta de la ayuda que puede ser la masonería para la sociedad”, explicó a Diario UNO el gran maestre, quien estuvo en la provincia para participar en un importante encuentro de logias cuyanas y de Chile con el objetivo de conmemorar el Bicentenario de la patria.
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Fuente: DiarioUno.
jueves, 20 de mayo de 2010
El rol de la Iglesia en la Independencia Americana
por Máximo E. Calderón
Guillermo Figueres en su obra La Iglesia y su Doctrina en la Independencia de América afirma lo siguiente: “La doctrina escolástica de la soberanía popular, fundada en los apotegmas aquinianos y comentada por los grandes pensadores del siglo de Oro, enseñada en las Universidades y Colegios Mayores de Indias durante los siglos coloniales por dominicos y jesuitas, prevalece como ideología y se impone como causa principal determinante de aquel magno acontecimiento”.
¿Es esto verdad? – No, definitivamente es una burda y absoluta mentira.
En el transcurrir de la Historia, la Iglesia Católica manejó siempre un doble discurso, apoyándose en la Ley Natural para interpretar sus enseñanzas doctrinarias, a la vez que empleando un concepto platónico a la hora de aplicar su propia ley y sus propios conceptos de Justicia.
Platón enseñó que es lícito sacrificar un individuo, en pos de la felicidad de la mayoría. De esa forma la Iglesia sacrificó e inmoló a muchos individuos en pos de su propia felicidad, de acrecentar sus posesiones materiales, y de generar bienestar entre sus filas y entre los monarcas que coincidieran con sus aspiraciones.
Hoy en día se nos quiere hacer creer que la Iglesia estuvo siempre del lado de la libertad, acompañando a los oprimidos, y llevando adelante las enseñanzas sociales del Nuevo Testamento, pero no existe nada más alejado de la verdad.
La causa fundamental de su modo de actuar fue siempre la defensa de sus propios intereses, antagónicos a los intereses de los pueblos. Y la Iglesia aún sigue siendo, la antítesis de la libertad y del progreso.
Ninguna conquista democrática resulta conciliable con el espíritu clerical.
- ¿Libertad de cultos? La Iglesia es albacea exclusiva de toda la verdad, el dogma no necesita ser demostrado, el Papa es infalible en asuntos de fe. Ergo: nadie puede ser otra cosa que católico, apostólico y romano. La verdad revelada la tienen en un puño los prelados, y todos los infelices mortales, tienen que atenerse a ella.
- ¿Libertad de conciencia y pensamiento? El pensamiento no puede volar más allá de las altas cumbres de la Teología, aunque éste tome forma en las teorías científicas de un Darwin o un Galileo.
- ¿Libertad de prensa? Si pensar libremente no es lícito, menos puede ser expandir pensamientos ilícitos. La máquina de Gutenberg, para ser útil, no debe imprimir sino biblias y catecismos. Y para que no se pase de este saludable y justo término, debe existir, indispensablemente, la censura previa, la censura eclesiástica. Y si se logra burlar la censura, es obvio que debe existir la prohibición para la lectura y circulación del impreso sacrílego o herético. Y para que haya reparadora sanción debe existir la excomunión para el desobediente.
- ¿Separación de la Iglesia y el Estado? Eso no puede ser, puesto que existiendo la supremacía del poder espiritual sobre el temporal, es necesario que ambos se hallen unidos, para que pueda dominar el uno sobre el otro. Abiertamente se sostiene que las leyes humanas deben estas subordinadas a las leyes divinas. Que las normas legales de los Estados, tienen que sujetarse a los principios establecidos por el Derecho Canónico o los Concordatos.
- ¿Enseñanza laica? La enseñanza que no se ciñe a los preceptos católicos es inmoral. Consiguientemente, para que la sociedad no se corrompa ni se precipite al caos, toda clase de educación debe estar en manos de la Iglesia, o por lo menos, controlada por ella. Todo programa y todo texto debe tener la aprobación eclesiástica, para que así no se introduzcan de contrabando, autores o principios científicos reñidos con sus dogmas.
Nada de esto, puede ser establecido sin mengua de los derechos de la Iglesia.
Tampoco se puede implantar ninguna conquista social, ni aún tratándose de aquellas que favorecen directamente a los humildes, a los pobres, de que habla el Sermón de la Montaña.
Así, no se puede expropiar ni un palmo de tierra de los latifundios clericales, no se puede tocar sus censos y capellanías porque ello es ofender al Hacedor del Universo. Toda propiedad privada es institución divina, y por lo mismo, tiene carácter sagrado. Y si la propiedad es del Clero, claro está que es mayormente sagrada.
Nada de libertades, ninguna conquista social. Este el gran ideal de la Iglesia.
Por ello es que la Iglesia siempre se opuso a la Independencia americana (aunque hoy quiera mostrarnos otra cosa). Y las causas esenciales, siempre fueron de carácter económico y social, llevando al Clero por caminos opuestos a los que obliga el patriotismo y los intereses nacionales.
Y la oposición siempre fue cruel, sanguinaria y despiadada.
Virreinato de Nueva España
Desde el mismo brote de las primeras ideas separatistas, se manifestó con toda claridad la aversión del Alto Clero mexicano a la independencia de su pueblo.
Un ejemplo basta para ilustrar este hecho: el clérigo Melchor de Talamantes, por sostener que el Virrey Iturrigaray debía asumir el Poder ante la evidencia del destronamiento de los reyes de España por parte de los invasores franceses, fue apresado por orden de la Audiencia y la Santa Inquisición, juntamente con el Licenciado Verdad. Ambos murieron trágicamente a manos del Santo Oficio.
Igual sucedió durante el período de lucha que acaudillaban Hidalgo y Morelos, dos heroicos frailes representantes del Clero pobre, que fundieron sus afanes libertarios con las más caras aspiraciones de su pueblo, dando en esta forma a su patriótico combate un tinte marcadamente popular y democrático como en ningún otro país de nuestra América, concibiendo la independencia no sólo como el rompimiento de las cadenas coloniales, sino como el logro de un cúmulo de reivindicaciones sociales y económicas ansiadas por las masas explotadas.
La muerte nuevamente fue el castigo, luego de la más cruel e infame tortura por parte del Monseñor Francisco Fernández Valentín.
Igual comportamiento tuvo el clero apoyando a los poderosos terratenientes extranjeros, en contra de Juárez.
Las Alcabalas y los Estancos
Durante la llamada Revolución de las Alcabalas realizada en Quito a fines del siglo XVI, el Clero en ningún momento estuvo del lado del pueblo sublevado, sino todo lo contrario, al lado de los dominadores españoles. El Comisario de la Inquisición recorría las calles, amenazando a los oradores sediciosos “con el fuego eterno”.
El fraile Ordóñez de Cevallos, hizo el bajo papel de espía de las autoridades españolas. Otro clérigo de apellido Garabís impidió la captura de los funcionarios de la Corona presentándose con la custodia y dando voces a los combatientes “a que depusieran las armas y siguieran al Santísimo Sacramento”.
En tanto los jesuitas, se distinguieron siempre por su fidelidad a los opresores (según confiesa el mismo Padre Velasco en su historia sobre el Reino de Quito), y dice que ellos “llegaron a conseguir el entero y suspirado triunfo y pacificarlos, y reducirlos a que se sometiesen a las órdenes del Soberano, a la razón y a la obediencia”.
Tras la derrota, llegó la carnicería, y los responsables de los asesinatos a mansalva miraban impasibles la tragedia sin que ninguna voz eclesiástica se alzara para protestar por los desmanes.
Esta actuación infame fue luego largamente recompensada. El Rey ordenó en favor de los jesuitas, que la Real Audiencia “ampliase grandemente las haciendas y fincas de su colegio, para que teniendo toda comodidad en lo temporal, pudiesen atender más fácilmente al bien de la república”...
Igual cosa sucedió durante la Revolución de los Estancos.
Las iglesias y conventos se transformaron en seguro refugio de los "chapetones".
El Obispo en persona, con todos los curas de que disponía, formó “capitanías del cielo para apaciguar a los revoltosos”. Los jesuitas, nuevamente, jugaron un papel relevante y de importancia.
El Padre Recio, actor principal en los acontecimientos, agradecía a Dios, que “recibió Quito el yugo de la ley y se subordinó a ella”. Se congratulaba que la ciudad tuviera la soldadesca encima “para que no pueda levantar cabeza”.
Los comuneros de Paraguay
Fueron aquí los jesuitas la principal fuerza de que se valieron los españoles, para doblegar el movimiento.
Gracias a ellos, el delegado del Virrey de Buenos Aires pudo reunir un ejército de 6.000 hombres, sacados de las Misiones por los frailes, para cumplir su cometido. Los jesuitas Policarpo Dufo y Antonio de Rivera fueron los guías y conductores de las fuerzas de represión. Por estos hechos, el Cabildo de Asunción, decretó la inmediata expulsión de la Compañía.
El auxilio de los jesuitas, fue decisivo para la derrota de los comuneros.
Los comuneros Antequera y Mena, fueron infamemente asesinados, y el pueblo entonces mostró su indignación. El historiador Blas Garay escribió: “El furor de los paraguayos no tuvo límites cuando supieron estas noticias —la muerte de sus caudillos— y se desbordó contra los jesuitas causantes de tantos males: el 19 de Febrero de 1732 invadió sus colegios multitud de soldados y vecinos; profanó las cosas santas, y algunas cabezas rodaron en desagravio de las muy ilustres que acababan de ser sacrificadas”.
Túpac Amaru en Perú
La mejor ilustración de estos hechos, son las palabras del Obispo de Cuzco, Manuel Moscoso:
“No perdonando arbitrio ni medio que contribuyese a defender la patria y cortar la rebelión, me metí a soldado, sin dejar de ser Obispo: y así en lo más grave de este conflicto, armé al clero secular y regular, como en el último subsidio, nombré al Deán D. Manuel Mendieta, por Comandante de las milicias eclesiásticas, dispuse cartelas, alisté clérigos y colegiales, seminaristas de ambos colegios, en cuatro compañías, con sus respectivos oficiales, armas y municiones que costeé, comenzaron el tiroteo militar, sujetándose al ejercicio de las evoluciones, a la voz de un oficial secular, que se encargó de su instrucción. Ya tiene V.S.I. al clero del Cuzco en espada ceñida y fusil al hombro, esperando por instantes las agonías de la patria, de la religión y la corona, para defenderla del insurgente Túpac Amaru”.
El Clero, apoyó con todos los medios a su alcance la represión del movimiento indígena. Muchos párrocos, siguiendo el ejemplo de Moscoso, formaron batallones indígenas para dividir y combatir a los rebeldes. Otros hicieron labores más bajas todavía, siendo vulgares espías y delatores. Tal el caso del clérigo Xavier Troncoso, cura de la doctrina de Pocoata, que entrego a los verdugos a Dámaso y Nicolás Catan.
Derrotada la rebelión, los Andes se tiñeron con la sangre de los vencidos.
Decía la sentencia contra el rebelde:
“Condeno a José Gabriel Túpac Amaru, a que sea sacado a la Plaza principal y pública de esta ciudad, arrastrado hasta el lugar del suplicio, donde presencie la ejecución de las sentencias que se dieron a su mujer, Micaela Bastidas, sus hijos Hipólito y Fernando Túpac Amaru... Concluidas estas sentencias se le cortará por el verdugo la lengua, y después amarrado o atado por cada uno de los brazos y pies con cuerdas fuertes, y de modo que cada una de estas se pueda atar, o prender con facilidad a otras que pendan de las cinchas de cuatro caballos, para que, puesto de esto modo... arranquen de una vez los caballos, de modo que quede dividido el cuerpo en otras tantas partes”.
Los comuneros de Nueva Granada
Este levantamiento realizado en el actual territorio de Colombia, debería haber finalizado bien, luego de la firma del acuerdo por las 35 peticiones que habían realizado los comuneros. La comisión de negociadores encabezada por el Arzobispo Caballero y Góngora, parlamentó con los jefes sublevados, accediendo a sus demandas y se firmó capitulación que fue aprobada por la Real Audiencia.
En ella se rebajaban unos impuestos, se suprimían otros, se atenuaba su recaudo y se convenía en dar preferencia a los americanos sobre los españoles para algunos cargos en que estos eran mal vistos. También se acordó perdonar toda falta a los comuneros.
Solemnemente, se juró ante los Evangelios cumplir el compromiso y el Arzobispo hizo de testigo y garante. Más nada valieron esos juramentos pues desde el principio ya se incubaba la traición, planeada por clérigos y terratenientes.
El Arzobispo puso todo su empeño, engañando a los comuneros para que volvieran a sus pueblos. Y logrado esto, las Capitulaciones fueron rotas en forma cobarde y traicionera.
Un nuevo levantamiento terminó con su líder, José Antonio Galán, ahorcado y desmembrado, con su cabeza, manos y pies exhibidos en la plaza pública. Sus bienes fueron confiscados y su familia marcada con la tacha de infamia.
El Arzobispo afirmó luego: “Notorios han sido los escandalosos delitos del nominado José Antonio Galán y el ejemplar suplicio con que fue castigado con tres de sus cómplices, separando las cabezas de sus cuerpos para colgarlas, y además los miembros de su infame caudillo, en los lugares en donde sus atrocidades fueron mayores y más visibles”.
¿Y en que culminó esa traición y esa sangre derramada? Antonio Caballero y Góngora terminó como Virrey.
Ya entre 1810 y 1820 el Alto Clero de este Virreinato, participó activamente en contra de la emancipación. El Arzobispo de Bogotá Juan Bautista Sacristán, cabeza máxima de la Iglesia en el Virreinato, se negó a reconocer la Junta de 1810.
El Obispo de Santa Marta, Fray Manuel Redondo y Gómez, también se niega a reconocer la independencia, razón por la que es apresado y luego marcha a España.
El Obispo de Panamá, según afirmación del Padre Leturia, era igualmente realista y solo en 1821, se pasó asustado al bando patriota.
El Obispo Carrillo de Cartagena fue otro de los expulsados en 1812 por negarse a jurar la independencia, pero quien lo reemplazó, el fraile Gregorio José Rodríguez, lo superó ampliamente en intransigencia, llegando al extremo de obligar a los fieles a gritar “¡Viva el Rey!” a la salida y entrada de los templos.
Y así el clero se enfrentó a la emancipación de Cuba, y puso obstáculos a los intereses independentistas también en Chile, en Brasil, en Venezuela y en la actual Argentina.
Por intereses económicos y de poder, la Iglesia Católica siempre apoyó a los poderosos en desmedro de los pobres, los oprimidos y los desposeídos. Y fue la Santa Sede la encargada de garantizar la famosa liga de gobiernos feudales de Europa, llamada la Santa Alianza.
Su Santidad Pío VII tomó una serie de medidas para conceder audiencia especiales a los prelados americanos, ya que en ese momento España y Roma, defendían una misma causa.
Consecuencia de esta alianza fueron los “breves o cartas” de los Pontífices contra la independencia americana.
Escribe el jesuita Rubén Vargas Ugarte: “Ya en 1815 la corte de Madrid había usado de su influjo en Roma para obtener de Pío VI, una carta o breve exhortando a los prelados americanos a mantener en la obediencia al Rey a todos sus súbditos”.
Un año después, en 1816, su sucesor Pío VII es más terminante aún en otro Breve titulado Etsi ion gissimo, donde se dice nada menos que lo siguiente:
“Entre los preceptos claros y de los más importantes de la muy santa religión que profesamos, hay una que ordena a todas las almas a ser sumisas a las potencias colocadas sobre ellas. Nos, estamos persuadidos, que los movimientos sediciosos que se producen en aquellos países, por los cuales — nuestro corazón está entristecido y que nuestra sabiduría reprueba— vosotros no dejasteis de dar a nuestros rebaños todas las exhortaciones. Sin embargo, como sobre la tierra. Nos somos el representante de aquel que es el Dios de la paz, nacido para rescatar al género humano de la tiranía de los demonios... Nos, pensamos que nuestra misión apostólica que ejercemos sin mérito, nos obliga a impulsaros por nuestras letras a hacer toda clase de esfuerzos para arrancar esa muy funesta cizaña de desórdenes y de sediciones que el hombre enemigo ha tenido la maldad de sembrar allá... Fácilmente lograréis tan santo objeto, si cada uno de vosotros demuestra a sus ovejas, con todo el celo que pueda, los terribles y gravísimos perjuicios de la rebelión, si presenta las singulares virtudes de vuestro carísimo en Jesucristo, Fernando, vuestro rey católico, para quien nada hay más precioso que la religión y la felicidad de sus súbditos…”
El Papa León XII tampoco se quedaría atrás, y el 24 de Septiembre de 1824 lanzó una Encíclica con igual contenido que los documentos de sus predecesores, donde se volvía a exhortar a los jerarcas católicos de América para “que se dediquen a esclarecer ante su grey las augustas y distinguidas cualidades que caracterizaban a ese muy amado hijo, Fernando, rey católico de España, cuya sublime y sólida virtud le hacía anteponer al esplendor de su grandeza el lustre de la religión y felicidad de sus súbditos”.
Aún en 1825 —después de la batalla de Ayacucho— seguiría insistiendo sobre el mismo tema y escribiría una segunda Encíclica en contra de la Independencia, que aparte de extemporánea, contiene los conceptos más retrógrados imaginables contra el progreso y la cultura.
Llega aquí al fin el presente escrito, que no pretende ser un meduloso análisis de la actuación de la Iglesia Católica frente a la gesta independentista americana, sino solamente una muestra testigo.
Se pretende dar algunos ejemplos, algunas informaciones documentadas y fáciles de conseguir hoy en día, para todos aquellos que aún crean el Clero promovió y ayudó a la libertad americana.
Muy por el contrario, la desesperación por el poder y las riquezas que siempre mostró la Iglesia Católica, nos dejan muchas más muestras de traiciones y contubernios que las que hasta aquí han sido vertidas.
En este 2010, varios países de América celebran su gesta independentista y libertaria. Que sirva este pequeño bosquejo como para abrir el camino a la verdad, pues como decía nuestro querido gitano Sandro: “Un botón basta de muestra, lo demás… a la camisa”.
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Fuente: HermanosTresPuntos.
Guillermo Figueres en su obra La Iglesia y su Doctrina en la Independencia de América afirma lo siguiente: “La doctrina escolástica de la soberanía popular, fundada en los apotegmas aquinianos y comentada por los grandes pensadores del siglo de Oro, enseñada en las Universidades y Colegios Mayores de Indias durante los siglos coloniales por dominicos y jesuitas, prevalece como ideología y se impone como causa principal determinante de aquel magno acontecimiento”.
¿Es esto verdad? – No, definitivamente es una burda y absoluta mentira.
En el transcurrir de la Historia, la Iglesia Católica manejó siempre un doble discurso, apoyándose en la Ley Natural para interpretar sus enseñanzas doctrinarias, a la vez que empleando un concepto platónico a la hora de aplicar su propia ley y sus propios conceptos de Justicia.
Platón enseñó que es lícito sacrificar un individuo, en pos de la felicidad de la mayoría. De esa forma la Iglesia sacrificó e inmoló a muchos individuos en pos de su propia felicidad, de acrecentar sus posesiones materiales, y de generar bienestar entre sus filas y entre los monarcas que coincidieran con sus aspiraciones.
Hoy en día se nos quiere hacer creer que la Iglesia estuvo siempre del lado de la libertad, acompañando a los oprimidos, y llevando adelante las enseñanzas sociales del Nuevo Testamento, pero no existe nada más alejado de la verdad.
La causa fundamental de su modo de actuar fue siempre la defensa de sus propios intereses, antagónicos a los intereses de los pueblos. Y la Iglesia aún sigue siendo, la antítesis de la libertad y del progreso.
Ninguna conquista democrática resulta conciliable con el espíritu clerical.
- ¿Libertad de cultos? La Iglesia es albacea exclusiva de toda la verdad, el dogma no necesita ser demostrado, el Papa es infalible en asuntos de fe. Ergo: nadie puede ser otra cosa que católico, apostólico y romano. La verdad revelada la tienen en un puño los prelados, y todos los infelices mortales, tienen que atenerse a ella.
- ¿Libertad de conciencia y pensamiento? El pensamiento no puede volar más allá de las altas cumbres de la Teología, aunque éste tome forma en las teorías científicas de un Darwin o un Galileo.
- ¿Libertad de prensa? Si pensar libremente no es lícito, menos puede ser expandir pensamientos ilícitos. La máquina de Gutenberg, para ser útil, no debe imprimir sino biblias y catecismos. Y para que no se pase de este saludable y justo término, debe existir, indispensablemente, la censura previa, la censura eclesiástica. Y si se logra burlar la censura, es obvio que debe existir la prohibición para la lectura y circulación del impreso sacrílego o herético. Y para que haya reparadora sanción debe existir la excomunión para el desobediente.
- ¿Separación de la Iglesia y el Estado? Eso no puede ser, puesto que existiendo la supremacía del poder espiritual sobre el temporal, es necesario que ambos se hallen unidos, para que pueda dominar el uno sobre el otro. Abiertamente se sostiene que las leyes humanas deben estas subordinadas a las leyes divinas. Que las normas legales de los Estados, tienen que sujetarse a los principios establecidos por el Derecho Canónico o los Concordatos.
- ¿Enseñanza laica? La enseñanza que no se ciñe a los preceptos católicos es inmoral. Consiguientemente, para que la sociedad no se corrompa ni se precipite al caos, toda clase de educación debe estar en manos de la Iglesia, o por lo menos, controlada por ella. Todo programa y todo texto debe tener la aprobación eclesiástica, para que así no se introduzcan de contrabando, autores o principios científicos reñidos con sus dogmas.
Nada de esto, puede ser establecido sin mengua de los derechos de la Iglesia.
Tampoco se puede implantar ninguna conquista social, ni aún tratándose de aquellas que favorecen directamente a los humildes, a los pobres, de que habla el Sermón de la Montaña.
Así, no se puede expropiar ni un palmo de tierra de los latifundios clericales, no se puede tocar sus censos y capellanías porque ello es ofender al Hacedor del Universo. Toda propiedad privada es institución divina, y por lo mismo, tiene carácter sagrado. Y si la propiedad es del Clero, claro está que es mayormente sagrada.
Nada de libertades, ninguna conquista social. Este el gran ideal de la Iglesia.
Por ello es que la Iglesia siempre se opuso a la Independencia americana (aunque hoy quiera mostrarnos otra cosa). Y las causas esenciales, siempre fueron de carácter económico y social, llevando al Clero por caminos opuestos a los que obliga el patriotismo y los intereses nacionales.
Y la oposición siempre fue cruel, sanguinaria y despiadada.
Virreinato de Nueva España
Desde el mismo brote de las primeras ideas separatistas, se manifestó con toda claridad la aversión del Alto Clero mexicano a la independencia de su pueblo.
Un ejemplo basta para ilustrar este hecho: el clérigo Melchor de Talamantes, por sostener que el Virrey Iturrigaray debía asumir el Poder ante la evidencia del destronamiento de los reyes de España por parte de los invasores franceses, fue apresado por orden de la Audiencia y la Santa Inquisición, juntamente con el Licenciado Verdad. Ambos murieron trágicamente a manos del Santo Oficio.
Igual sucedió durante el período de lucha que acaudillaban Hidalgo y Morelos, dos heroicos frailes representantes del Clero pobre, que fundieron sus afanes libertarios con las más caras aspiraciones de su pueblo, dando en esta forma a su patriótico combate un tinte marcadamente popular y democrático como en ningún otro país de nuestra América, concibiendo la independencia no sólo como el rompimiento de las cadenas coloniales, sino como el logro de un cúmulo de reivindicaciones sociales y económicas ansiadas por las masas explotadas.
La muerte nuevamente fue el castigo, luego de la más cruel e infame tortura por parte del Monseñor Francisco Fernández Valentín.
Igual comportamiento tuvo el clero apoyando a los poderosos terratenientes extranjeros, en contra de Juárez.
Las Alcabalas y los Estancos
Durante la llamada Revolución de las Alcabalas realizada en Quito a fines del siglo XVI, el Clero en ningún momento estuvo del lado del pueblo sublevado, sino todo lo contrario, al lado de los dominadores españoles. El Comisario de la Inquisición recorría las calles, amenazando a los oradores sediciosos “con el fuego eterno”.
El fraile Ordóñez de Cevallos, hizo el bajo papel de espía de las autoridades españolas. Otro clérigo de apellido Garabís impidió la captura de los funcionarios de la Corona presentándose con la custodia y dando voces a los combatientes “a que depusieran las armas y siguieran al Santísimo Sacramento”.
En tanto los jesuitas, se distinguieron siempre por su fidelidad a los opresores (según confiesa el mismo Padre Velasco en su historia sobre el Reino de Quito), y dice que ellos “llegaron a conseguir el entero y suspirado triunfo y pacificarlos, y reducirlos a que se sometiesen a las órdenes del Soberano, a la razón y a la obediencia”.
Tras la derrota, llegó la carnicería, y los responsables de los asesinatos a mansalva miraban impasibles la tragedia sin que ninguna voz eclesiástica se alzara para protestar por los desmanes.
Esta actuación infame fue luego largamente recompensada. El Rey ordenó en favor de los jesuitas, que la Real Audiencia “ampliase grandemente las haciendas y fincas de su colegio, para que teniendo toda comodidad en lo temporal, pudiesen atender más fácilmente al bien de la república”...
Igual cosa sucedió durante la Revolución de los Estancos.
Las iglesias y conventos se transformaron en seguro refugio de los "chapetones".
El Obispo en persona, con todos los curas de que disponía, formó “capitanías del cielo para apaciguar a los revoltosos”. Los jesuitas, nuevamente, jugaron un papel relevante y de importancia.
El Padre Recio, actor principal en los acontecimientos, agradecía a Dios, que “recibió Quito el yugo de la ley y se subordinó a ella”. Se congratulaba que la ciudad tuviera la soldadesca encima “para que no pueda levantar cabeza”.
Los comuneros de Paraguay
Fueron aquí los jesuitas la principal fuerza de que se valieron los españoles, para doblegar el movimiento.
Gracias a ellos, el delegado del Virrey de Buenos Aires pudo reunir un ejército de 6.000 hombres, sacados de las Misiones por los frailes, para cumplir su cometido. Los jesuitas Policarpo Dufo y Antonio de Rivera fueron los guías y conductores de las fuerzas de represión. Por estos hechos, el Cabildo de Asunción, decretó la inmediata expulsión de la Compañía.
El auxilio de los jesuitas, fue decisivo para la derrota de los comuneros.
Los comuneros Antequera y Mena, fueron infamemente asesinados, y el pueblo entonces mostró su indignación. El historiador Blas Garay escribió: “El furor de los paraguayos no tuvo límites cuando supieron estas noticias —la muerte de sus caudillos— y se desbordó contra los jesuitas causantes de tantos males: el 19 de Febrero de 1732 invadió sus colegios multitud de soldados y vecinos; profanó las cosas santas, y algunas cabezas rodaron en desagravio de las muy ilustres que acababan de ser sacrificadas”.
Túpac Amaru en Perú
La mejor ilustración de estos hechos, son las palabras del Obispo de Cuzco, Manuel Moscoso:
“No perdonando arbitrio ni medio que contribuyese a defender la patria y cortar la rebelión, me metí a soldado, sin dejar de ser Obispo: y así en lo más grave de este conflicto, armé al clero secular y regular, como en el último subsidio, nombré al Deán D. Manuel Mendieta, por Comandante de las milicias eclesiásticas, dispuse cartelas, alisté clérigos y colegiales, seminaristas de ambos colegios, en cuatro compañías, con sus respectivos oficiales, armas y municiones que costeé, comenzaron el tiroteo militar, sujetándose al ejercicio de las evoluciones, a la voz de un oficial secular, que se encargó de su instrucción. Ya tiene V.S.I. al clero del Cuzco en espada ceñida y fusil al hombro, esperando por instantes las agonías de la patria, de la religión y la corona, para defenderla del insurgente Túpac Amaru”.
El Clero, apoyó con todos los medios a su alcance la represión del movimiento indígena. Muchos párrocos, siguiendo el ejemplo de Moscoso, formaron batallones indígenas para dividir y combatir a los rebeldes. Otros hicieron labores más bajas todavía, siendo vulgares espías y delatores. Tal el caso del clérigo Xavier Troncoso, cura de la doctrina de Pocoata, que entrego a los verdugos a Dámaso y Nicolás Catan.
Derrotada la rebelión, los Andes se tiñeron con la sangre de los vencidos.
Decía la sentencia contra el rebelde:
“Condeno a José Gabriel Túpac Amaru, a que sea sacado a la Plaza principal y pública de esta ciudad, arrastrado hasta el lugar del suplicio, donde presencie la ejecución de las sentencias que se dieron a su mujer, Micaela Bastidas, sus hijos Hipólito y Fernando Túpac Amaru... Concluidas estas sentencias se le cortará por el verdugo la lengua, y después amarrado o atado por cada uno de los brazos y pies con cuerdas fuertes, y de modo que cada una de estas se pueda atar, o prender con facilidad a otras que pendan de las cinchas de cuatro caballos, para que, puesto de esto modo... arranquen de una vez los caballos, de modo que quede dividido el cuerpo en otras tantas partes”.
Los comuneros de Nueva Granada
Este levantamiento realizado en el actual territorio de Colombia, debería haber finalizado bien, luego de la firma del acuerdo por las 35 peticiones que habían realizado los comuneros. La comisión de negociadores encabezada por el Arzobispo Caballero y Góngora, parlamentó con los jefes sublevados, accediendo a sus demandas y se firmó capitulación que fue aprobada por la Real Audiencia.
En ella se rebajaban unos impuestos, se suprimían otros, se atenuaba su recaudo y se convenía en dar preferencia a los americanos sobre los españoles para algunos cargos en que estos eran mal vistos. También se acordó perdonar toda falta a los comuneros.
Solemnemente, se juró ante los Evangelios cumplir el compromiso y el Arzobispo hizo de testigo y garante. Más nada valieron esos juramentos pues desde el principio ya se incubaba la traición, planeada por clérigos y terratenientes.
El Arzobispo puso todo su empeño, engañando a los comuneros para que volvieran a sus pueblos. Y logrado esto, las Capitulaciones fueron rotas en forma cobarde y traicionera.
Un nuevo levantamiento terminó con su líder, José Antonio Galán, ahorcado y desmembrado, con su cabeza, manos y pies exhibidos en la plaza pública. Sus bienes fueron confiscados y su familia marcada con la tacha de infamia.
El Arzobispo afirmó luego: “Notorios han sido los escandalosos delitos del nominado José Antonio Galán y el ejemplar suplicio con que fue castigado con tres de sus cómplices, separando las cabezas de sus cuerpos para colgarlas, y además los miembros de su infame caudillo, en los lugares en donde sus atrocidades fueron mayores y más visibles”.
¿Y en que culminó esa traición y esa sangre derramada? Antonio Caballero y Góngora terminó como Virrey.
Ya entre 1810 y 1820 el Alto Clero de este Virreinato, participó activamente en contra de la emancipación. El Arzobispo de Bogotá Juan Bautista Sacristán, cabeza máxima de la Iglesia en el Virreinato, se negó a reconocer la Junta de 1810.
El Obispo de Santa Marta, Fray Manuel Redondo y Gómez, también se niega a reconocer la independencia, razón por la que es apresado y luego marcha a España.
El Obispo de Panamá, según afirmación del Padre Leturia, era igualmente realista y solo en 1821, se pasó asustado al bando patriota.
El Obispo Carrillo de Cartagena fue otro de los expulsados en 1812 por negarse a jurar la independencia, pero quien lo reemplazó, el fraile Gregorio José Rodríguez, lo superó ampliamente en intransigencia, llegando al extremo de obligar a los fieles a gritar “¡Viva el Rey!” a la salida y entrada de los templos.
Y así el clero se enfrentó a la emancipación de Cuba, y puso obstáculos a los intereses independentistas también en Chile, en Brasil, en Venezuela y en la actual Argentina.
Por intereses económicos y de poder, la Iglesia Católica siempre apoyó a los poderosos en desmedro de los pobres, los oprimidos y los desposeídos. Y fue la Santa Sede la encargada de garantizar la famosa liga de gobiernos feudales de Europa, llamada la Santa Alianza.
Su Santidad Pío VII tomó una serie de medidas para conceder audiencia especiales a los prelados americanos, ya que en ese momento España y Roma, defendían una misma causa.
Consecuencia de esta alianza fueron los “breves o cartas” de los Pontífices contra la independencia americana.
Escribe el jesuita Rubén Vargas Ugarte: “Ya en 1815 la corte de Madrid había usado de su influjo en Roma para obtener de Pío VI, una carta o breve exhortando a los prelados americanos a mantener en la obediencia al Rey a todos sus súbditos”.
Un año después, en 1816, su sucesor Pío VII es más terminante aún en otro Breve titulado Etsi ion gissimo, donde se dice nada menos que lo siguiente:
“Entre los preceptos claros y de los más importantes de la muy santa religión que profesamos, hay una que ordena a todas las almas a ser sumisas a las potencias colocadas sobre ellas. Nos, estamos persuadidos, que los movimientos sediciosos que se producen en aquellos países, por los cuales — nuestro corazón está entristecido y que nuestra sabiduría reprueba— vosotros no dejasteis de dar a nuestros rebaños todas las exhortaciones. Sin embargo, como sobre la tierra. Nos somos el representante de aquel que es el Dios de la paz, nacido para rescatar al género humano de la tiranía de los demonios... Nos, pensamos que nuestra misión apostólica que ejercemos sin mérito, nos obliga a impulsaros por nuestras letras a hacer toda clase de esfuerzos para arrancar esa muy funesta cizaña de desórdenes y de sediciones que el hombre enemigo ha tenido la maldad de sembrar allá... Fácilmente lograréis tan santo objeto, si cada uno de vosotros demuestra a sus ovejas, con todo el celo que pueda, los terribles y gravísimos perjuicios de la rebelión, si presenta las singulares virtudes de vuestro carísimo en Jesucristo, Fernando, vuestro rey católico, para quien nada hay más precioso que la religión y la felicidad de sus súbditos…”
El Papa León XII tampoco se quedaría atrás, y el 24 de Septiembre de 1824 lanzó una Encíclica con igual contenido que los documentos de sus predecesores, donde se volvía a exhortar a los jerarcas católicos de América para “que se dediquen a esclarecer ante su grey las augustas y distinguidas cualidades que caracterizaban a ese muy amado hijo, Fernando, rey católico de España, cuya sublime y sólida virtud le hacía anteponer al esplendor de su grandeza el lustre de la religión y felicidad de sus súbditos”.
Aún en 1825 —después de la batalla de Ayacucho— seguiría insistiendo sobre el mismo tema y escribiría una segunda Encíclica en contra de la Independencia, que aparte de extemporánea, contiene los conceptos más retrógrados imaginables contra el progreso y la cultura.
Llega aquí al fin el presente escrito, que no pretende ser un meduloso análisis de la actuación de la Iglesia Católica frente a la gesta independentista americana, sino solamente una muestra testigo.
Se pretende dar algunos ejemplos, algunas informaciones documentadas y fáciles de conseguir hoy en día, para todos aquellos que aún crean el Clero promovió y ayudó a la libertad americana.
Muy por el contrario, la desesperación por el poder y las riquezas que siempre mostró la Iglesia Católica, nos dejan muchas más muestras de traiciones y contubernios que las que hasta aquí han sido vertidas.
En este 2010, varios países de América celebran su gesta independentista y libertaria. Que sirva este pequeño bosquejo como para abrir el camino a la verdad, pues como decía nuestro querido gitano Sandro: “Un botón basta de muestra, lo demás… a la camisa”.
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Fuente: HermanosTresPuntos.
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